En la entrada anterior, dentro del itinerario de preparación del Tiempo de la Creación 2026, repasábamos la crítica situación del agua en nuestro planeta, reflejada de forma significativa en un informe de Naciones Unidas titulado «La bancarrota del agua». Ante esta realidad, los ciudadanos y ciudadanas, los cristianos y cristianas y toda la Iglesia en conjunto no puede quedar impasible. Recogemos a continuación diez posiblidades de acción a pequeña escala, la que está al alcance de todos y todas, y que pueden llevarse a efecto de forma individual o en pequeñas realidades de fe, o que se pueden apoyar en otros lugares mediante campañas de apoyo y recaudación. Es una buena manera de ponernos en marcha para asumir en profundidad el símbolo del «agua viva» sobre el que trabajaremos en la próxima entrega, al que el pozo de la samaritana no hubiera podido dar pie de la misma manera si hubiera estado seco o con agua envenenada.
1. Reducir el consumo doméstico de agua
Es una de las recomendaciones clásicas para participar en el ciclo restaurativo del agua: reducir su consumo. Medidas como el uso de duchas y grifos de bajo flujo o usar reductores de caudal, no prolongar las duchas, cerrar el grifo mientras uno se lava los dientes o se afeita, utilizar la lavadora y el lavavajillas sólo cuando estén llenos, o lavar a mano la vajilla con agua en un barreño mientras se enjabona y el grifo está cerrado se utilizan a diario en muchos hogares. Pero también otras medidas cuando se dispone de terreno para tener un pequeño huerto o jardín pueden ayudar, como utilizar prácticas de xerojardinería.
En España contamos con una magnífica experiencia a este respecto, la del Monasterio de Poblet, en Tarragona, que a partir del año 2007 desarrolló un proceso integral de conversión ecológica que trataba de recuperar la conciencia cisterciense de vivir dentro de los límites de su territorio. Durante este proceso lograron reducir un 90% su consumo de agua, además de eliminar la contaminación de tan valioso elemento. Dicho proceso mereció la atención de un programa de RTVE, que se puede visualizar aquí. Este tema se incluye también en las iniciativas de concienciación ecológica eclesial que se extienden por la realidad eclesial, como pueden ser el Plan de Acción Laudato si de la diócesis madrileña o la campaña universal de mayor alcance Plataforma de Acción Laudato si impulsada por el Vaticano.
2. Reducir la huella hídrica de nuestros otros consumos
La mayor parte del agua que utilizamos está “oculta” en lo que compramos y consumimos en otras dimensiones de nuestra vida. Por ejemplo, la producción de alimentos es dependiente del agua; por ello, el desperdicio alimentario es también un desperdicio de agua. Además, podemos reducir el impacto en el agua de nuestro consumo alimentario reduciendo el consumo de carne, sobre todo de la procedente de sistemas intensivos de producción. El algodón también depende, en su producción, de manera importante del ciclo del agua; comprar ropa duradera y reducir nuestra compra y uso de moda «rápida» contribuirá a reducir nuestra huella hídrica.
Reducir el desperdicio alimentario es una iniciativa que, además, puede adquirir un claro tinte solidario y social. Como ejemplo, podemos hablar de la iniciativa Refood, en la que la comunidad cristiana de Pan Bendito está directamente comprometida. Y en la diócesis de Atlanta, se promueven encuentros de pescado y patatas que enriquecen el encuentro comunitario a la vez que promueven una alimentación con menor consumo de carne.
3. Reducir la contaminación del agua
Un problema añadido a la escasez de agua en muchos lugares del planeta es el de su contaminación, que en mayor o menor grado afecta a todos los cursos de agua. Ya hablamos en la entrada anterior, por ejemplo, de la contaminación por mercurio; pero otras sustancias más cotidianas, como los detergentes o los productos químicos de uso común, también acaban en el agua. Por eso, podemos reducir la cantidad de químicos de los detergentes y productos de limpieza optando por jabones caseros para la higiene o la limpieza o productos tradicionales (como el amoníaco o el vinagre) para la limpieza del hogar. No se deben arrojar productos químicos (fármacos, restos de pintura o plaguicidas del huerto) ni aceites por el desagüe, sino que se deben dirigir a los puntos de recogida selectiva. Por otra parte, el uso de prendas de poliéster esta convirtiéndose en una de las mayores fuentes de contaminación del agua por microplásticos: moderar su uso o el número de sus lavados puede ser también una contribucion importante para mantener la calidad de nuestras aguas.
A nivel local, la parroquia Nuestra Señora de Las Rosas ha desarrollado talleres de conversión ecológica inspirados en el material preparado por José Eizaguirre (con quien puedes contactar en la Fundación Tierra Habitada) para la promoción de estilos de vida sostenibles en los que se ha trabajado la posibilidad de utilización de jabones naturales y productos de limpieza tradicionales. Por su parte, las entidades de ayuda al desarrollo de comunidades con dificultades de acceso al agua potable, como Caritas Fiji, o Caritas Buea (Camerún) entienden que ese acceso deber ser integral, asegurando tanto el acceso como la calidad sanitaria del agua, y reforzando la capacidad de gestión de las propias comunidades; Manos Unidas también pone su foco en el acceso a un agua saludable en diversos proyectos, como este de Togo.
4. Favorecer el aprovechamiento del agua de lluvia
La lluvia, cuando no adquiere una intensidad excesiva, es un don de Dios que muchas veces no aprovechamos en todas sus posibilidades. Humedecer la tierra para que quede a disposición de las plantas o pueda alimentar a los acuíferos sería el mayor beneficio, pero para ello necesita de espacios libres de asfalto y pavimento en el suelo, como terrenos con vegetación o ajardinados, que además reducen los riesgos de inundación. A nivel doméstico podemos mantener esos espacios si disponemos de terreno. Además, también podemos optar por recoger el agua de lluvia desde los canalones en contenedores para diversos usos a posteriori, como su aprovechamiento para riego de pequeñas superficies.
A las iniciativas ya mencionadas de Caritas Fiji y Caritas Burea añadimos en este apartado los programas de agua y saneamiento desarrollados por Manos Unidas.
5. Plantar y cuidar vegetación autóctona
La vegetación no sólo se alimenta del suelo, sino que también lo protege. Cultivar y cuidar vegetación autóctona tiene además más probabilidades de éxito con un menor nivel de requerimientos de agua y agroquímicos, y puede ayudar a retener suelos mejorando su calidad. Los suelos desnudos no sólo son poco estéticos, sino que además se empobrecen y erosionan con facilidad; de ahí que las iniciativas de replantación tengan tanto valor. A nivel doméstico, practicar la xerojardinería (basada en plantas locales con poca necesidad de agua) ayuda a reducir el consumo de agua.
Existen recomendaciones para entidades eclesiales que deseen desarrollar proyectos de xerojardinería, y experiencias de cómo esto se ha llevado a la práctica. Además, diócesis como las de Washington y San Diego, por ejemplo, han impulsado a lo largo del tiempo diversas campañas de plantación de árboles autóctonos en su entorno.
6. Apoyar una agricultura que regenere el suelo
La agricultura ecológica no sólo es buena para la salud de las personas, al reducir la exposición a agroquímicos, sino que también es cuidadosa con la tierra y con el entorno. Adquirir productos de agricultura ecológica y regenerativa es, por tanto, una buena opción de consumo, y, cuando se organiza en grupo, puede contener su precio y acercarse al de los establecimientos convencionales.
Los grupos de consumo permiten, a la vez, mantener contacto con los propios productores, y conocer (y promover) sus prácticas sostenibles de cultivo, y diferentes entidades de Iglesia (parroquias, colegios, etc.) están promoviendo su creación y mantenimiento. Pero la agricultura ecológica y regenerativa también se convierte en una parte fundamental de proyectos de cooperación para el desarrollo comunitario vinculados al agua, como este de Manos Unidas en Ecuador. El borgo Laudato si, iniciativa promovida por el papa Francisco I e inaugurada por su sucesor en los jardines del Castillo de Castelgandolfo, pretende ser a la vez experiencia y escuela dedicada a la conversión ecológica, especialmente desde la práctica y difusión de una agricultura y ganadería de carácter ecológico y regenerativo.
7. Participar en la limpieza y recuperación de ríos y humedales
Aprovechar la riqueza comunitaria, potenciar su nivel de relación y contribuir a la limpieza del entorno son tres objetivos que se pueden conseguir con la realización de jornadas y campañas de limpieza del entorno acuático y de las riberas de nuestras corrientes de agua. La limpieza de otros entornos no acuáticos, retirando plásticos y potenciales contaminantes, es también una manera de conseguir que estos no acaben llegando a las mismas.
Este es un tipo de iniciativa que permite su combinación con otras actividades, como la peregrinación con limpieza del medio que promovió la archidiócesis de Seattle en el Día de la Tierra del pasado 2025. La Comisión Diocesana de Ecología Integral, en el inicio de su recorrido, también participó en una acción de limpieza de la ribera del río Manzanares.
8. Defender el acceso universal al agua potable
Es importante apoyar las campañas que buscan garantizar el acceso básico al agua potable, resolviendo posibles inequidades existentes en nuestro entorno o apoyando proyectos de cooperación en otros países. Es fundamental defender también el mantenimiento de este derecho hacia el futuro, hacia las siguientes generaciones, cuidando las formas de aprovechamiento y gestión de tan preciado bien.
La apuesta de la Doctrina Social de la Iglesia es clara en relación a este derecho, y aí lo defendió explícitamente el papa Francisco, que recogió dicho derecho en el párrafo 30 de la encíclica Laudato si. Y en esa línea trabajan las entidades católicas de cooperación, como Manos Unidas.
9. Promover la educación y sensibilización social para una cultura de sostenibilidad de uso del agua.
El testimonio personal directo, que puede comenzar en la familia y prolongarse a los demás ámbitos de relación de las personas, y el diseño y participación en campañas de sensibilización en nuestro entorno, son formas de multiplicar la eficacia de todos estos comportamientos. Sería ideal que en todos los programas educativos de la Iglesia (colegios, actividades catequéticas, universidades, etc) se incluyeran paquetes de sensibilización a este respecto.
Destacan nuevamente aquí los proyectos de concienciación social que desarrolla Manos Unidas en nuestro país, entre los que podemos encontrar su exposición «El agua, fuente de vida», u otras actividades vinculadas a proyectos de desarrollo.
10. Incorporar el agua a la oración y al examen de conciencia
Orar la realidad, y en este caso orar el agua, es una forma de mantener conectada nuestra experiencia vital y de fe con la realidad que nos rodea. Y esto cobra mucho sentido a partir de la lectura del párrafo 216 de la Laudato si:
No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo. Porque no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin «unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria»
En esta línea, ya hemos propuesto al inicio de este itinerario un espacio de contemplación, y procuraremos terminar dicho itinerario con una oración conclusiva. Una oración entendida como acogida de la presencia y la palabra de Dios a través de la realidad, a través de nuestra experiencia, y que se convierta en un potente motor interno que nos lleve a la acción convertida.
Si estás siguiendo este itinerario, o aún más, si lo estás promoviendo, ya estás haciendo una experiencia orante en torno al agua. La página oficial del Tiempo de la Creación te ofrece más material en esta línea.