Comenzamos el período vacacional más importante de nuestro entornocultural y geográfico, el de los meses de verano. Y vendría bien que nos diéramos cuenta de que, entre otras cosas muy interesantes y atractivas, el período vacacional de que podamos disfrutar nos ofrece una gran oportunidad: la de encontrarnos en directo con la naturaleza. Las exigencia sociales parecen disminuir en este tiempo, salvo que nos enroquemos en un uso estresante de las vacaciones, y la ausencia de la obligación laboral durante unas semanas, el contacto con medios diferentes al nuestro (en muchos casos más expuestos a la naturaleza de lo que es habitual en nuestras vidas) y la cercanía con otras personas que comparten, intencional o casualmente, este período con nosotros, nos abren a la posibilidad de tomar conciencia de la grandeza de la vida que nos rodea. Incluso la de la vida que somos nosotros mismos. Ojalá sepamos disfrutar y sacar partido de todo ello.
Y todo esto ocurre en la antesala del Tiempo de la Creación (1 de septiembre a 4 de octubre), tiempo en que los cristianos celebraremos la grandeza de ese don que somos, en comunión con el resto de seres vivos y de los componentes de nuestro planeta, sede vital del universo en que nos encontramos. Buen momento, por tanto, para ir preparando ese corazón celebrativo que nos puede llevar a reconocer, con absoluta profundidad, que Dios nos ha dado una vida de inmensa comunión.
El lema de este año, «Agua viva», nos ofrece el agua en sus dimensiones real y simbólica como núcleo de referencia y reflexión. El texto bíblico elegido, Ezequiel 47, 9.12, nos ofrece la visión del agua que procede del templo como fuente de vida, literalmente vida natural pero simbólica y teológicamente vida fértil que se multiplica. El agua en las Escrituras no es un simple recurso o un elemento decorativo; es el cauce de la gracia sanadora de Dios que fecunda los desiertos, sanea los ecosistemas enfermos y sostiene la vida en todas sus dimensiones.
Es interesante poder meditar tranquilamente sobre la motivación del lema de este año. Por nuestra parte, con la idea de facilitar la preparación y vivencia de este próximo Tiempo de la Creación, y en consonancia con la motivación ofrecida en la Guía de Celebración del Tiempo de la Creación, hemos desarrollado un pequeño itinerario personal (que, a la vez, puede ser comunitario) en cuatro etapas fundamentales, concebidas como un camino progresivo de conversión ecológica:
- Contemplación: Reconocer el agua como flujo vital primordial del que tomamos origen y del que formamos parte.
- Denuncia: Visibilizar las heridas de la escasez y de la contaminación del agua sobre el ser humano y sobre el medio ambiente.
- Compromiso: Desarrollar actitudes que promuevan el uso responsable y la regeneración del agua y sus fuentes, así como el libre acceso a un agua limpia y saludable por todos/as.
- Mística orante: Dejarse guiar y fluir con el Espíritu como corrientes de agua de vida.
Y para complementar el recorrido, el itinerario se abrirá a un quinto momento de comunión eclesial para acoger y meditar el próximo Mensaje de Su Santidad el Papa, centrado en la paz en relación a la justicia climática y el cuidado del entorno (https://www.humandevelopment.va/es/news/2026/messaggio-papa-leone-xiv-giornata-preghiera-creato-2026.html), de cuya publicación estaremos pendientes.
En breve comenzaremos con el desarrollo de ese itinerario. Mientras tanto, no te olvides de programar un período veraniego en contacto pleno con la vida que somos y que nos rodea.