Agua Viva (2). Lo que le está pasando a nuestra agua

Hemos dedicado unos momentos a realizar un ejercicio de contemplación del agua, en el que nos hemos hecho conscientes de su riqueza como elemento fundamental para la vida, para nuestra vida. Sin embargo, su realidad no es nada halagüeña: un informe de la Universidad de Naciones Unidas nos indica cómo nos encontramos en situación de bancarrota en relación al agua. No es que el agua vaya a desaparecer, sino que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades hídricas. Igual que una persona entra en bancarrota cuando gasta sus ingresos y además consume sus ahorros, muchas sociedades están utilizando más agua de la que la naturaleza puede regenerar y, además, están agotando sus reservas estratégicas: acuíferos, humedales, lagos, glaciares y ríos.

Durante mucho tiempo se habló de «crisis del agua», como si se tratara de problemas temporales de los que podríamos recuperarnos fácilmente. El informe al que nos estamos refiriendo advierte que en muchos lugares hemos entrado en una situación más grave: algunos sistemas hídricos han sufrido daños tan profundos que ya no pueden volver a su estado anterior sin transformaciones muy importantes.

La conclusión esencial podría expresarse así:

La humanidad ha vivido durante décadas como si el agua fuera infinita. Hoy estamos descubriendo que no lo es. Y cuanto más tardemos en actuar, más difícil será garantizar agua suficiente para las personas, la naturaleza y las generaciones futuras.

Vamos a tratar de hacernos una idea de conjunto de la problemática del agua, documentándola con diferentes ejemplos.

Consecuencias humanas de la falta de agua

1. Hambre e inseguridad alimentaria

Sin agua no solo falta lo que bebemos; también desaparece gran parte de lo que comemos.

La agricultura consume alrededor del 70 % del agua dulce utilizada por la humanidad. Cuando escasea el agua, disminuyen las cosechas, aumenta el precio de los alimentos y crece el riesgo de hambrunas. Las sequías prolongadas pueden destruir los medios de vida de millones de agricultores y ganaderos.

  • Somalia sufre periódicamente sequías extremas que destruyen cosechas, matan al ganado y obligan a las familias a abandonar sus hogares en busca de agua y alimento. Millones de personas han sufrido inseguridad alimentaria grave y cientos de miles han tenido que desplazarse dentro del país. Naciones Unidas y ACNUR describen una situación en la que la escasez de agua desencadena hambre, malnutrición y migraciones forzadas.

2. Sed y falta de agua potable

Mientras algunas personas abrimos un grifo y obtenemos agua al instante, otras dedican horas cada día simplemente a conseguir unos litros para sobrevivir.

Más de 2.000 millones de personas carecen todavía de acceso a agua potable gestionada de forma segura en su lugar de residencia (ver el informe del Programa conjunto OMS/UNICEF de monitorización del suministro de agua, salubridad e higiene). Millones de familias deben recorrer, además, largas distancias para conseguir agua para beber, cocinar o asearse.

  • En 2018 Ciudad del Cabo estuvo cerca del llamado«Día Cero», el momento en que habría sido necesario cerrar gran parte del suministro urbano y obligar a millones de habitantes a recoger una ración diaria de agua en puntos de distribución. La combinación de una sequía prolongada y una demanda creciente llevó a una de las mayores crisis urbanas de agua registradas.

3. Problemas de higiene y salud

El agua no solo quita la sed: también previene enfermedades y salva vidas cada día.

La falta de agua dificulta el lavado de manos, la limpieza de alimentos y el saneamiento básico. Esto favorece la propagación de enfermedades infecciosas, especialmente entre los niños. Además, 3.500 millones de personas (43% de la población mundial) carecen todavía de servicios de saneamiento seguros (informe citado en el apartado anterior).

4. Desplazamientos humanos y conflictos

Muchas personas no abandonan su hogar por elección, sino porque el agua dejó de hacerlo habitable.

Cuando una región deja de disponer de agua suficiente para abastecer a su población o mantener la agricultura, muchas personas se ven obligadas a emigrar. La escasez de agua también puede intensificar tensiones sociales y conflictos por el acceso a recursos cada vez más limitados. [unu.edu], [news.un.org]

Consecuencias medioambientales de la falta de agua

1. Desaparición de humedales, lagos y ríos, y efectos sobre la biodiversidad

Los humedales son algunos de los ecosistemas más ricos del planeta. Sin embargo, alrededor del 35 % de los humedales naturales se han perdido desde 1970 y más de la mitad de los grandes lagos del mundo están disminuyendo su volumen. La reducción de caudales, el agotamiento de acuíferos y la desecación de zonas húmedas provocan la desaparición de hábitats y la extinción de especies.

Cuando desaparece un humedal, no perdemos solo agua; perdemos una fábrica natural de vida.

  • El Mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, era uno de los lagos más grandes del mundo. La desviación de los ríos que lo alimentaban para regadío provocó que perdiera más del 90 % de su superficie. La pesca desapareció, numerosas especies se extinguieron localmente y el antiguo fondo marino se convirtió en un desierto salino.
  • Aunque de escala muy inferior al caso anterior, Doñana constituye un ejemplo muy próximo para el público español. La sobreexplotación de acuíferos y los periodos de sequía han reducido significativamente las zonas inundadas que necesitan miles de aves migratorias y otras especies para sobrevivir.

2. Degradación de ecosistemas y desertificación

La naturaleza funciona como una esponja que almacena agua; cuando la dañamos, esa esponja deja de funcionar.

La falta de agua debilita bosques, praderas y suelos. La vegetación desaparece, el suelo pierde fertilidad y aumenta el riesgo de desertificación. Estos procesos reducen aún más la capacidad natural de retener agua, creando un círculo vicioso.

Consecuencias de la contaminación del agua

La crisis del agua no es solo una cuestión de cantidad; también es una cuestión de calidad.

1. Menos agua disponible para las personas

Un río contaminado puede contener agua físicamente presente, pero inutilizable para beber, regar o sostener la vida acuática. En la práctica, contaminar agua equivale a perderla.

2. Enfermedades y riesgos para la salud

Las aguas contaminadas pueden transmitir microorganismos patógenos y sustancias tóxicas, provocando enfermedades y afectando especialmente a las poblaciones más vulnerables.

  • El río Citarum, en Indonesia, es uno de los ríos más contaminados del mundo. Durante décadas este río ha recibido vertidos industriales, residuos domésticos y productos químicos. Millones de personas dependen de sus aguas para distintos usos, pese a los graves problemas de contaminación asociados.
  • En 2014 la ciudad de Flint (ciudad del estado de Michigan, en EEUU) cambió su fuente de abastecimiento. Una gestión inadecuada provocó corrosión en las tuberías y contaminación por plomo. Miles de niños estuvieron expuestos a niveles peligrosos de este metal y se registró además un brote de legionela que causó muertes.
  • Un problema más global es el generado por la contaminación de aguas por mercurio. Este metal se acumula en la cadena alimenticia, a través de la que puede alcanzar al ser humano. Dados sus efectos tóxicos sobre el sistema nervioso y el riñón, especialmente durante el desarrollo embrionario, existe una recomendación firme a las mujeres embarazadas de que no consuman pescados de gran tamaño, al encontrarse al final de la cadena alimentaria y ser las especies que más mercurio acumulan en su interior. Se puede consultar aquí una infografía sobre la contaminación por mercurio.
  • En 2022 había en el mundo al menos 1700 millones de personas que tomaban agua para consumo de fuentes contaminadas con heces. La contaminación microbiana del agua potable como resultado de la presencia de heces supone el mayor riesgo de toxicidad, y puede transmitir enfermedades diarreicas, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Según los cálculos, esta contaminación causa cada año 505 000 muertes por enfermedades diarreicas. Y aunque los principales productos químicos presentes en este tipo de agua que acarrean riesgo son el arsénico, los fluoruros y los nitratos, hay nuevos contaminantes, como determinados fármacos, plaguicidas, moléculas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, y microplásticos que también son peligrosos.

3. Daño a la fauna y a los ecosistemas

Productos químicos, fertilizantes, pesticidas, metales pesados y residuos plásticos alteran los ecosistemas acuáticos, reducen el oxígeno disponible y afectan a peces, anfibios, aves y otros organismos. Miles de especies de peces, mamíferos y otras formas de vida están en peligro debido a la degradación de sus hábitats, la ingesta directa de plásticos y la acumulación de microplásticos y toxinas en sus cuerpos. Los contaminantes afectan a la reproducción del plancton marino, que es la base de toda la cadena alimentaria marina. También se bioacumulan en los organismos, desde las pequeñas especies a los grandes mamíferos acuáticos. Y, finalmente, los productos animales y vegetales contaminados por químicos, plásticos o metales pesados llegan a nuestra mesa.

También se produce un crecimiento excesivo de algas (eutrofización) que consume el oxígeno del agua, como ocurre en el Mar Menor, y en las aguas dulces prosperan algas tóxicas. Los contaminantes envenenan a los corales y los plásticos los asfixian, lo cual es especialmente grave, ya que los arrecifes de coral albergan más del 25% de la vida marina (esponjas, ostras, almejas, cangrejos, estrellas de mar, erizos de mar, peces), especies que conviven en una delicada conexión. Los plásticos transportan microorganismos dañinos, como la Pfiesteria piscicida, conocida como la “asesina de peces”.

En España es característico el caso de los ríos Tinto y Odiel, que son la principal fuente de contaminación oceánica por tóxicos de origen minero.

Conclusión

Somalia nos muestra que la falta de agua puede provocar hambre y desplazamientos. Ciudad del Cabo demuestra que ninguna sociedad está completamente a salvo de la escasez. El Mar de Aral enseña que un ecosistema entero puede desaparecer por una mala gestión del agua. Y Flint recuerda que disponer de agua no es suficiente: debe ser limpia y segura. El caso de la contaminación de agua por mercurio nos muestra, finalmente y a nivel global, que no hay fronteras en el deterioro del agua. Son lugares distintos, separados por miles de kilómetros, pero todos cuentan la misma historia: cuando el agua entra en crisis, también entran en crisis las personas y la naturaleza.

No podemos, por tanto, celebrar el Tiempo de la Creación en torno al agua viva sin tener en cuenta esta realidad de aguas que faltan o que, incluso, pueden ser causa de destrucción de los ecosistemas, enfermedad o muerte. Lo que le está pasando a nuestra agua exige, por tanto, una renovada actitud de conversión, que realmente permita que el agua, de forma universal, pueda ser verdadermente fuente de vida para todos.

El objetivo no es recoger información o saciar nuestra curiosidad, sino tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar. (Laudato si, 19)

Pero a esto ya le dedicaremos la siguiente entrada.

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