Martes 4 de diciembre

Palabra que acampa entre nosotros

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.” (Lc 10, 21-24)

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A qué nos estamos preparando

Continuamos en nuestro camino de preparación en el adviento. En este martes queremos pararnos 15 minutos para alejarnos del ruido de nuestro mundo y abrir nuestros oídos a la palabra del Padre. Nos disponemos en su presencia para recibir su mensaje. Después de leer la lectura dejad que resuene en nosotros, en este preciso instante en el que nos encontramos.

Hoy la palabra nos habla de un Jesús lleno de la alegría del Espíritu Santo que nos descubre el camino de la sencillez ante las cosas de este mundo. No fueron los sabios y entendidos los que recibieron la revelación de Jesús sino la gente sencilla que le buscaba.

En esta primera semana queremos caminar y hacernos más conscientes y consecuentes del en uso que hacemos de nuestros bienes. Queremos acompañar a Jesús y María en ese camino a Nazaret sin nada en el bolsillo, con lo justo y necesario.

Todo lo que somos y tenemos nos parece “normal” y “natural” pero sabemos que hay muchos millones de personas en nuestro mundo que no pueden disfrutar de esas cosas : una casa donde vivir, los alimentos del  desayuno que hemos tomado, la familia y amigos que nos acompañan, el trabajo que nos hace sentirnos útiles y valorados….Caemos en la cuenta de que todo lo que somos y tenemos es un regalo y comenzamos así a dar gracias al Padre por todo lo que recibimos de su mano cada día, sin muchas veces ser conscientes de ello.

Desde esta experiencia de Jesús confrontamos hoy nuestra vida. ¿Qué uso le damos a los bienes con los que contamos? ¿Lo hacemos de una manera responsable, siendo conscientes de que no nos pertenecen solo a nosotros y de que debemos ser solidarios con otros que no llegan a lo necesario y suficiente para vivir cada día?

 

Cuestión de fondo  

Hoy queremos reflexionar sobre los bienes que disfrutamos: materiales y no materiales. ¿Qué uso hacemos de ellos? ¿Es algo que nos une a las personas o nos separa de ellas? ¿Los recibimos como don o como posesión? ¿Cómo nos situamos frente al dinero? ¿Es un bien que nos esclaviza o nos libera?

 

 

Un gesto, una esperanza

En línea con la reflexión que se nos plantea hoy. ¿Qué podríamos hacer para estar más cerca de lo que el Padre quiere para nosotros frente al dinero y los bienes? Pensemos en un gesto sencillo que podamos realizar en relación al dinero y bienes de los que disfrutamos y podamos, posteriormente, contrastar qué sentimos al hacer ese gesto, qué nos aporta ese pequeño paso que hemos dado. Este gesto podría ser analizar nuestros gastos mensuales para ver qué uso hacemos del dinero y si dichos gastos y uso nos liberan o nos esclavizan. Una vez analizados los gastos ¿qué parte podríamos dedicar para apoyar o compartir con otros, con un proyecto social, de economía alternativa o solidaria del barrio donde vivimos (ONG’s, Asociaciones…).

Caminantes como nosotros

Fondosol (fondo solidario) es un proyecto surgido en la Comunidad Shekiná que forma parte de  la Parroquia de Guadalupe. Consiste en unir los sueldos de todos sus miembros y repartirlos contando con un salario más (sin son 10 personas entre 11). De esta onceava parte que se comparte, el 50% se utiliza para préstamos o donaciones a personas con necesidad. Fondosol surge como un gesto de “justicia”: ¿por qué unos ganamos más y otros menos? Todos trabajamos las mismas horas, en trabajos parecidos y, sin embargo, hay una gran diferencia entre los sueldos de unos y de otros.  De esta manera los salarios son iguales para todos y proporcionados a la situación familiar de cada cual.

A la experiencia que ha suscitado ese proyecto en nosotros le solemos llamar “el milagro de Fondosol” porque hemos descubierto en estos años como Dios ha actuado en nosotros y transformado nuestros corazones en ese vivir con menos, en ese decrecimiento en nuestras vidas, con nuestros hijos e hijas.

Parte de los fondos se destinan a préstamos a personas que necesitan un apoyo puntual y los canalizamos a través de asociaciones o entidades sin ánimo de lucro que conocemos en el barrio.

Lo más importante es que nunca pudimos imaginar que un gesto tan sencillo iba a cambiar tanto nuestras vidas y que nos acercaría a Dios como lo ha hecho. El compartir nuestras miserias y grandezas en este caminar a la luz de su palabra ha iluminado y renovado nuestras vidas como criaturas suyas.

Mateo 6, 33: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y todas esas cosas se os darán por añadidura”.  El Reino de Dios empieza a estar presente entre nosotros cuando posibilitamos objetivamente la fraternidad desde la “justicia” y podemos fiarnos unos de otros. Cuando en un grupo humano hay confianza y no competitividad, la

ayuda es recíproca y todo el mundo cuenta con ella: el “compartir” es espontáneo.

Oración

“Quien a Dios tiene nada le falta”   (Santa Teresa).

Si esto te toca

Si Dios te toca el corazón y deseas adentrarte más en este mundo de la economía alternativa y solidaria te proponemos que consultes estos enlaces: