Agua Viva. Contemplar el agua

Ya adelantábamos en la entrada previa que nuestro itinerario de preparación al Tiempo de la Creación comenzaría con un ejercicio de contemplación en torno al agua:

  • Porque no podemos comprender bien el símbolo (agua viva) sin comprehender bien la realidad en que se basa (el agua que da y mantiene la vida)
  • Porque nos hace falta contemplar, mirar con el corazón, y dejar de tanto pensar y tanto conceptualizar
  • Porque debemos dejarnos «calar» por la realidad, y no estar siempre analizándola y transformándola
  • Porque la vida, lo vivo, lo viviente, tiene probablemente mucho más que enseñarnos que muchos de los recursos a los que acudimos
  • Y, finalmente, porque Dios está ahí, en el fondo de la realidad mediante su Espíritu, deseoso de salir a nuestro encuentro…

En este caso concreto lo hacemos porque queremos comenzar desde dentro nuestro itinerario de conversión hacia la celebración del Tiempo de la Creación de este año; desde la conciencia de “ser agua”, de que nuestra vida está profundamente ligada al agua y la necesita, de que precisamente fue el agua el entorno en el que surgió y se desarrolló la vida. En la interpretación evolutiva, el agua no es sólo un don de Dios, sino el espacio natural en el que el designio divino se ha realizado y la vida se ha hecho posible, y con el que el ser humano tiene que estar en continuo contacto.

A continuación facilitamos un guión para el ejercicio de contemplación. Se trata de un guión orientativo, que puede seguirse hasta el final o abandonarse para seguir el flujo de la propia experiencia contemplativa, una vez que esta haya comenzado. No se trata de llegar a ningún lado, sino, sobre todo, de dejarse hacer haciendo camino…

Se propone a los participantes, de manera presencial o comunitaria, buscar uno de estos dos escenarios contrapuestos:

  • Un entorno de la abundancia y el frescor: Una corriente activa de agua, un riachuelo serrano o una fuente escondida en un rincón umbrío, donde el susurro constante y la humedad evoquen el dinamismo continuo de la creación y la transmisión de la vida.
  • Un entorno, por contraste, de falta de agua: Un lugar resguardado bajo la sombra desde el cual contemplar la aridez física, por ejemplo ante algún páramo o estepa, o un campos de cereales ya cosechados y agostados bajo el sol estival. Este escenario desértico actúa como un espejo que resalta el valor incalculable de lo ausente.

Nos descalzamos espiritualmente (y corporalmente si parece adecuado y en un entorno donde sea adecuado hacerlo) ante la creación, y nos colocamos en una postura cómoda.

Venimos a contemplar el elemento primordial sobre el cual el Espíritu de Dios aleteaba en el inicio del Génesis. De dicho elemento proviene la vida, y de él tenemos una profunda necesidad para mantenerla. Nos hacemos conscientes de ello, y hacemos silencio para escuchar el entorno, ya sea en el rumor de la corriente o en el hondo silencio de la tierra sedienta.

Opción A: Guión de Meditación ante el Agua y el Frescor

Fase 1: El Parón Consciente (Desaceleración)

  • Cerramos suavemente los ojos… Dejamos caer los hombros… Tomamos la decisión consciente de detener el reloj, las prisas y las tareas pendientes…
  • Vivo este momento como un regalo… Siento el peso de mi cuerpo sobre la tierra o la roca… Estoy aquí, en este espacio sagrado, y el mundo exterior puede esperar…
  • (1 minuto de silencio absoluto)

Fase 2: Conciencia Corporal y Respiración

  • Llevo ahora la atención a la respiración… Inspiro profundamente el aire fresco y húmedo de este lugar… exhalo soltando tensiones… Siento cómo mis pulmones se expanden y se contraen… Mi respiración es el primer signo de la vida que me habita: Al inspirar, acojo la vida… al exhalar, me entrego de nuevo a ella».
  • (2 minutos de silencio manteniendo el foco en la respiración)

Fase 3: Apertura Sensitiva y Auditiva

  • Abro ahora mis oídos… Dejo que el sonido del agua que fluye inunde tu mente… No intento analizarlo, solo lo escucho…
  • Dejo que ese murmullo constante te invada… Este fluir exterior me conecta con mi fluir interior… Mi sangre fluye por mi cuerpo como esta corriente lo hace por su cauce… En el agua que corre frente a mi late el mismo impulso de vida que late en mi corazón. Mi vida y la del río son parte de un único flujo viviente.
  • (3-4 minutos de silencio sumergidos en el sonido del agua)

Fase 4: Integración Sensorial (Frescor y nutrición)

  • Siento también el frescor en tu piel… Me encuentro en un lugar alimentado por el agua, y eso se nota… Hasta es agradable…
  • Aprecio la vegetación que crece alrededor de la corriente, refrescada por ella. También a mi el agua me nutre y me refresca… Me dejo llevar por estas sensaciones… Incluso me permito por unos momentos ‘ser agua’ que fluye, que limpia, que refresca y que da vida a su paso».
  • (2-3 minutos de silencio profundo)

Fase 5: Agradecimiento Místico

  • Detrás de ese agua, detrás de mi vida, está la fuerza vivificante del Espíritu de Dios…Le agradezco mi vida, le agradezco el agua, le agradezco también este momento de contemplación…
  • Gracias por el milagro de estar vivo, gracias por formar parte de tu torrente sagrado, Dios mío…

Opción B: Guión de Meditación ante una superficie agostada

Fase 1: El Parón Consciente (Desaceleración)

  • Cierro los ojos… Dejo a un lado el ruido de nuestra rutina diaria… Siento la quietud de la tierra bajo mis pies, la dureza del lugar donde me sitúo… Siento mi cuerpo presente aquí, asumiendo el silencio rotundo y la quietud del paisaje que me rodea».
  • (1 minuto de silencio absoluto)

Fase 2: Conciencia Corporal y Respiración

  • Llevo mi atención a la respiración… Siento el aire, quizás cálido y seco, entrando en mi cuerpo… Huelo el olor de hierba seca, agostada, noto el calor de una tierra castigada por el sol…
  • Al sentir este entorno desértico, tomo conciencia de nuestra propia fragilidad… Mi cuerpo necesita agua para mantenerse en pie, para seguir viviendo… Pero en este entorno falta ese agua…
  • (2 minutos de silencio manteniendo el foco en la respiración)

Fase 3: Apertura Sensitiva y Auditiva (El eco de la ausencia)

  • Escucho el silencio del páramo, a veces roto por el grito del viento sobre la paja seca o el susurro de la tierra agostada… Me dejo invadir por este silencio seco… Yo también me seco cuando me aparto de la fuente de vida…
  • (3-4 minutos de silencio sumergidos en el silencio del paisaje)

Fase 4: Integración Sensorial (El calor y el valor de lo invisible)

  • Siento el calor en mi piel, percibo la sequedad del ambiente… El color dorado del cereal, de la hierba, habla de esa sequedad, de ese agostamiento…
  • Pero sé que en este campo agostado la vida continúa, escondida… Sólo está esperando a que llueva, a que vuelva el agua que trae la vida… Percibo el anhelo de agua y me uno a deseo de la cierva, «que busca corrientes de agua»…
  • (2-3 minutos de silencio profundo)

Fase 5: Agradecimiento Místico

  • Así te busco a ti, Dios mío, Señor del desierto y de la estepa… Te doy gracias por la vida, que atraviesa escenarios de sequía, esperando el agua que trae la vida… Sé tú ese agua para mí, Dios mío…

Termino. Puedo seguir disfrutando/contemplando mi escenario el tiempo que desee… Y rezo con el salmo 41:

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

¿Qué experiencias ha despertado en mí este momento de contemplación?

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