Agua viva 4 (TC2026). Oración final

En las últimas entradas hemos venido desarrollando un pequeño itinerario de interior de conversión personal, en el que hemos propuesto una dinámica de contemplación en torno al agua, una toma de conciencia de la problemática mundial de ese líquido elemento y una propuesta de actuaciones para contribuir, desde nuestra vida personal y comunitaria, a recuperar la calidad y garantizar la accesibilidad a tan precioso elemento, todo ello inspirado en el lema propuesto para el Tiempo de la Creación 2026, «Agua viva», y en los contenidos de su guía de celebración. El eje orientador de esta propuesta ha sido facilitar la toma de conciencia personal, tanto en su dimensión espiritual como en la cognitiva y práctica, de la situación material del agua para, ahora, poder hacernos cargo de la dimensión simbólica que esta arrastra, y poder profundizar así en el sentido de la lectura orientadora de este Tiempo de la Creación, Ezequiel 47, 9.12.

Toca ahora cerrar esta pequeña propuesta, desarrollada en el verano como tiempo que suele ofrecer oportunidades para el «retiro» personal, con un espacio de oración en el que poder acoger la dinámica del agua viva, agua que surge de la presencia de Dios entre nosotros y, especialmente, de la escucha de su Palabra. Presentamos a continuación un pequeño guión orientativo para ese espacio de oración, que cada uno/a puede adaptar a su manera, con la esperanza de que nos deje realmente abiertos a la presencia de Dios y a la celebración personal y comunitaria del Tiempo de la Creación 2026, entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre. Es muy recomendable para ello acercarse a la guía de celebración de ese Tiempo y, cuando ya se haga público, al mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación, a la que dedicaremos una entrada suplementaria final de este itinerario.

  1. Buscamos un lugar cómodo y tranquilo donde poder tener un buen rato de oración personal, de unos 30-45 minutos. Puedes considerar si volver al lugar donde tuviste el primer momento de contemplación, ir a un espacio tranquilo en medio de la naturaleza o buscar un lugar recogido en tu casa o en algún lugar sagrado. Lo importante es poder dedicarte a ti y a Dios este ratito de calidad necesario para tratar de acoger, en su plenitud, la dinámica del agua viva, y sumergirte en ella.
  2. Podemos comenzar con una pequeña dinámica de relajación y de control de la atención, por ejemplo mediante la toma de conciencia de nuestra respiración. A continuación, traemos a la memoria durante un par de minutos lo que hemos vivido a lo largo de este itinerario: el momento de contemplación y la vivencia que lo acompañó, la reflexión sobre la situación global del agua y los problemas que centraron tu atención, las propuestas de actuación que hayas podido asumir… Si quieres, puedes poner todo ello simbólicamente en un pequeño cuenco vacío que coloques delante de ti.
  3. Nos hacemos conscientes ahora de que estamos en la presencia de Dios, y que a dicha presencia acudimos con nuestras tristezas y alegrías, con nuestras realidades personales y sociales, y también con este pequeño trabajo de preparación realizado. Ponemos confiadamente todo ello en sus manos, y tratamos de abandonarnos a su cuidado. Mantenemos esta consciencia en silencio interior durante unos instantes. Puede ser un buen momento para realizar la señal de la cruz.
  4. Leemos el inicio del salmo 42, con el que ya concluimos el ejercicio inicial de contemplación:

    Como busca la cierva corrientes de agua,
    así mi alma te busca a ti, Dios mío;
    tiene sed de Dios,del Dios vivo:
    ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?


    Nos descubrimos también sedientos, necesitados de agua, de un agua viva, que sabemos procede de Dios. ¿Hasta dónde es cierta esta conciencia en nuestro caso? Miramos en nuestra hondura, tranquila y pausadamente, sin dejar paso a la maquinación de ideas. Tan sólo miramos, contemplamos nuestra necesidad de Dios…
  5. Acompañamos ahora la samaritana en su diálogo con Jesús (Jn 4, 10-14):

    Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva… Cualquiera que bebiere del agua de este pozo volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

    ¡Es Jesús mismo quien se nos da como agua viva! Un agua que calmará definitivamente la sed más profunda… Y si estoy dispuesto a hacer el esfuerzo necesario cada día para encontrar agua que beber, e incluso me hago consciente de las dificultades que hay en el mundo para acceder a ese tipo de agua y me planteo actuar para facilitarlo, ¡qué no habré de hacer para acercarme a este pozo de agua viva que es la presencia viva de Dios entre nosotros!
    Me quedo contemplando los ecos que produce en mí esta pregunta…
  6. Vamos ahora con el texto inspirador del Tiempo de la Creación 2026 (Ez 47, 9.12). Gira en torno a la visión de un manantial de agua que surge del templo y que va creciendo y dado vida a su alrededor:

    Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río… Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.

    Ezequiel está pudiendo contemplar la acción de ese agua viva que mana bajo el templo, proveniente de la presencia de Dios. Agua que da vida, que nutre a multitud de árboles en su ribera. Agua que, según la promesa divina, dará vida a las almas que se sumerjan en el río, y que irá creciendo y creciendo para llegar cada vez más a dar más vida…
    ¿Me dejo sumergir en ese agua?
    ¿Me dejo nutrir por su frescor y vitalidad?
    ¿Y hago crecer ese río, dejándome llevar por él, contribuyendo a difundir su vida?
    ¿Y entiendo que esa vida es vida humana, pero también vida natural, vida de todo lo que vive?

    Es un buen momento para postrarnos ante la presencia de Dios, para dejarnos sumergir en su agua de vida, para agradecer el frescor y la vitalidad que ese agua me transmite. Permanezco así unos momentos, el tiempo que necesite…
  7. Me incorporo a mi posición previa. Me hago consciente de la necesidad de renovar mi vida a partir de ese agua de vida. Expreso libremente mi oración: agradecimiento, confianza, petición, alabanza, compromiso… Me mantengo en esta actitud el tiempo que sea necesario…
  8. Finalizo mi oración. Agradezco a Dios el momento vivido en su presencia, y me hago consciente de que esa presencia acompañante continuará a mi lado. Puedo acabar con una señal de la cruz, con una genuflexión…

Y, si lo crees necesario, puedes escribir tu experiencia de oración, o incluso tu experiencia a lo largo de este itinerario, para poder tenerlo presente en el futuro. ¡Si te animas, hasta puedes compartir algo de esa experiencia mediante un comentario a esta entrada!

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