LS 65. Creación y dignidad del ser humano

65. Sin repetir aquí la entera teología de la creación, nos preguntamos qué nos dicen los grandes relatos bíblicos acerca de la relación del ser humano con el mundo. En la primera narración de la obra creadora en el libro del Génesis, el plan de Dios incluye la creación de la humanidad. Luego de la creación del ser humano, se dice que «Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno» (Gn 1,31). La Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26). Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que «no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas». San Juan Pablo II recordó que el amor especialísimo que el Creador tiene por cada ser humano le confiere una dignidad infinita. Quienes se empeñan en la defensa de la dignidad de las personas pueden encontrar en la fe cristiana los argumentos más profundos para ese compromiso. ¡Qué maravillosa certeza es que la vida de cada persona no se pierde en un desesperante caos, en un mundo regido por la pura casualidad o por ciclos que se repiten sin sentido! El Creador puede decir a cada uno de nosotros: «Antes que te formaras en el seno de tu madre, yo te conocía» ( Jr 1,5). Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso «cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»

Imagen enlazada de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/5b/Michelangelo_-_Creation_of_Adam_%28cropped%29.jpg/1920px-Michelangelo_-_Creation_of_Adam_%28cropped%29.jpg

Estamos ante una de las claves de bóveda de la teología de la creación: la creación del ser humano por amor, por un amor único y específico que se dirige a cada un@ de nosotr@s. Ese amor específico, y ese papel específico que Dios le otorga en la creación ha sido la base del concepto de dignidad de la persona, una constante en la tradición católica que fundamenta, por ejemplo, la defensa que la Iglesia hace de la vida, desde su inicio hasta su final. Si hay un principio general de defensa y promoción de la vida, que permea toda la encíclica, aquí aparece el fundamento peculiar que la defensa de la vida humana merece.

Su aparición en primer lugar nos pone ya en espera del papel especial que la encíclica nos otorgará a los seres humanos, frente a otras corrientes que nos colocan al mismo nivel a todos los efectos, que cualquier otro ser vivo o que la misma materia inerte. Pero no adelantemos acontecimientos…

Los textos son suficientemente conocidos, y no hace falta detenerse en su importancia. Pero quizás también podamos preguntarnos por lo que hay detrás de la experiencia que nos narran los textos de la creación: el absoluto asombro, la absoluta maravilla de seres humanos que contemplan la grandeza y belleza de la creación y, a su vez, se autocontemplan a sí mismos y se ven creados y amados de una manera especialísima. Considerando el “asombro” como una capacidad básica de apertura a la experiencia de trascendencia, nos quedamos en ella recordando el salmo 8 (“¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”) y proponemos escuchar el video que acompañamos, que (aunque utilizando uno de los nombres “alternativos” de Dios, Jehová, que procede de una diferente vocalización del nombre de Dios en la antigüedad bíblica, YHWH) lo expresa musicalmente .

Miguel Ángel

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