Formas de oración «no vocal»

Es muy frecuente encontrarse, en ámbitos de espiritualidad en torno a la conciencia ecológica, prácticas de lo que habitualmente se denomina «meditación»: prácticas basadas en el silencio como forma de encuentro con la divinidad o el «Todo». La influencia de prácticas orientales es, en este aspecto, muy potente.

Sin embargo, la tradición cristiana también ha desarrollado este tipo de oración a lo largo de toda su historia, con diferentes denominaciones. Ya era un lugar común en la perspectiva de oración de los padres del desierto («siéntate en tu celda, y tu celda te lo enseñará todo»), que se mantuvo siglos después a través de la tradición monástica, y que está resurgiendo con fuerza en las últimas décadas. La palabra no es, en estas formas orantes, su principal protagonista, sino que más bien lo son el silencio y la contemplación.

Thomas Merton, por ejemplo, llama la atención del olvido de la alegría del silencio que caracteriza a nuestra civilización, por lo que recomienda comenzar un itinerario reglado de acercamiento a esta práctica. Será precisamente el silencio el que nos lleve al encuentro con nosotros mismos y con la fuente de la vida, que habita en lo más profundo de nosotros. San Agustín, ya bastantes siglos antes, había confesado con claridad que, mientras buscaba a Dios por fuera de sí, Él estaba dentro: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo»… Buscar, pues, en el interior, en el silencio, en la meditación, ofrece un camino especial para el encuentro con Dios.

Se trataría de formas de oración que no pretenden sustituir a las habituales, más basadas en la escucha o en la pronunciación, sonora o silenciosa, de textos espontáneos o ya preparados. Su objetivo sería complementarlas desde la apertura de un espacio orante no conceptual, no «encasillador» de la realidad, sino más bien abierto a esta última en toda su plenitud: un espacio contemplativo en el que el protagonismo lo tiene no el sujeto que ora, sino la realidad en la que habita y su máximo fundamento, la presencia amante y actuante de Dios. Esta apertura sería, precisamente, la que caracterizaría a las formas cristianas de la meditación, como insiste la «Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana», emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1989, bajo la presidencia del entonces Cardenal Joseph Ratzinger, posteriormente papa Benedicto XVI. El tema ha sido motivo de unas breves palabras del papa Francisco, y existen diferentes propuestas para su práctica.

Por todo ello traemos hasta aquí estas formas de oración: porque creemos que contribuyen a, y sintonizan con, el desarrollo de formas contemplativas de acercarse a la realidad natural, básicas para el desarrollo de una conciencia ecológica. En algún lugar de estas prácticas puede, por tanto, darse un feliz encuentro entre la conciencia ecológica y la espiritualidad cristiana.

1. Meditación Cristiana

Según Mireia Poch, «la meditación cristiana es, fundamentalmente, hacer silencio interior para ser conscientes de la presencia de Dios y amarlo y sentirse amado, si es posible, con pocas palabras». Pero se ha extendido este mismo término para denominar una forma particular de oración en silencio, desarrollada por John Main y, siguiendo su estela, por la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, que se acompaña de la repetición de un pequeño mantra (suele recomendarse la palabra «Maranatha») para ayudar a centrar la atención y evitar la dispersión. En la página web de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana (wccm.org) puede encontrarse abundante información al respecto, además de múltiples recursos para iniciar el propio camino de meditación, y acceso a diferentes grupos de meditadores y hasta a «capillas de meditación on-line».

Básicamente, con la meditación cristiana se trata de participar de la oración de Jesús, de integrar cabeza y corazón en un silencio expectante y reverente ante la presencia de Dios, habitado por el Espíritu. Y de hacerlo de una manera simple y sencilla, al alcance, por ejemplo, de los niños de 5 años que también aprenden esta práctica. El mantra elegido para su repetición simplemente ayuda a centrar la atención

Esta es la sabiduría de la meditación: simplemente, silencio y espera… Se trata de una forma de oración de amplias raíces cristianas, pues estuvo presente en los primeros siglos de la Iglesia; sin embargo, llegó a quedar marginada en la Iglesia occidental, en la que se está recuperando en las últimas décadas.

En una línea muy parecida se desarrolla la llamada «oración centrante», nacida del impulso de tres frailes cistercienses estadounidenses (Keating, Menninger y Pennington), que se entiende como una forma de avanzar hacia la oración contemplativa, aprovechando todo su potencial sanante y transformador. Se puede encontrar abundante información en esta otra web en inglés de la Extensión Contemplativa.

Fuentes de información:

  1. Comunidad Mundial por la Meditación Cristiana, «¿Qué es la meditación?» (https://wccm.org/meditate/what-is-meditation/)
  2. Mireia Poch, «La meditación cristiana» (https://mireiapoch.com/meditacion-y-tradicion-cristiana/)
  3. Extensión Contemplativa Internacional, «Oración centrante» (https://www.extensioncontemplativainternacional.org/about1-cjlp)

2. Amigos del Desierto

Entendiendo la meditación como un peregrinaje al centro de nosotros mismos, esta asociación fundada por Pablo D’Ors (autor del best-seller de vida inetrior «Biografía del silencio») propone un proceso reglado de iniciación a la meditación; una meditación acompañada y compartida en los llamados «seminarios» (tanto presenciales como en línea) que toma en cuenta tres dimensiones: el cuerpo (contactar perceptivamente con lo físico de mí mismo), el silencio (sostenido por la conciencia de la propia respiración) y la Palabra (encarnada en un mantra, cuya repetición se convierte en bastón del silencio).

En ese itinerario reglado es imprescindible realizar un retiro de iniciación introductorio para poder seguir participando de otras propuestas de meditación. El éxito en el camino meditativo no va a depender tanto del esfuerzo del «peregrino», sino de su disponibilidad y entrega receptiva en este proceso.

Fuente de información: Amigos del Desierto, https://www.amigosdeldesierto.org/

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