Espiritualidad conectada

No hay ninguna duda de que la ecología integral que plantea el papa Francisco en su encíclica Laudato Si tiene una dimensión espiritual profunda, y así queda explicitado, de hecho, en que el tema de la espiritualidad comparta uno de los capítulos de la misma. Un capítulo que plantea, de entrada, la necesidad de una nueva conciencia, una nueva forma de comprendernos a nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo:

…la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos (LS 202).

Una conciencia, por tanto, de filiación, fraternidad y esperanza que habrá que desarrollar y compartir si queremos contribuir a mantener la casa común acogedora para todos. Y comprender lo que somos, acogerlo y actuar conforme a ello es un proceso fundamental de la dimensión que conocemos como espiritualidad.

Una de las experiencias más cotidianas de espiritualidad se produce en la oración, en la que nos situamos ante el Misterio que da sentido a nuestras vidas y se las presentamos humildemente. Desde hace tiempo vienen apareciendo diferentes modalidades de oración que insisten en el silencio como forma de abrirse al Misterio, a la presencia amorosa y misericordiosa de Dios, o en ejercicios de conciencia corporal o respiratoria que también facilitan esa apertura y, en ocasiones, la conexión con uno mismo más allá del flujo racional de ideas que nuestra mente produce. Sin embargo, siendo fundamentales estas conexiones, no llegan a colmar nuestro campo relacional, que en varias ocasiones el papa expresa, en la Laudato si, como una cuádruple relación:

  • hablando de san Francisco, el papa nos dice en LS 10 que “Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo“;
  • por el contrario, comentando la actitud de Caín tras la muerte de su hermano, escribe en LS 70 que “El descuido en el empeño de cultivar y mantener una relación adecuada con el vecino, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia, destruye mi relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra“.
  • entre los objetivos de la educación ambiental, el papa destaca en LS 210 “recuperar los distintos niveles del equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios
  • y, finalmente, hablando del domingo, el papa nos indica en LS 237, que “se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo“.

¿Cómo podemos preparar un esquema de oración ecológico, “integral”, que responda a las cuatro conexiones fundamentales del ser humano y nos haga conscientes de la misma desde el primer momento? Vayamos pensando entre todos, y otro día seguimos profundizando en ello.

Miguel Ángel

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