Y siguiendo con el Mensaje de Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Paz de 1990, encontramos hoy dos ideas básicas que más tarde desarrollará la Laudato si: la inteligibilidad del designio divino en torno a la creación, y la identidad de la crisis ecológica como crisis moral.
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No podemos desconectar la acción humana de la integridad del conjunto de la creación, o, dicho al revés, actuar humano y realidad natural están mutuamente implicados. Por ello, no podemos dejar de considerarnos responsables de lo que le ocurre a nuestro mundo.
Pero no somos los cristianos los únicos que percibimos la degradación del medio. Muchos hombres y mujeres a nuestro alrededor también la perciben, y de hecho nos han precedidoen en esa preocupación. No es, pues, misión aislada de los cristianos restaurar el mundo, sino que ha de ser una tarea en colaboración, una tarea de encuentro, respeto y apoyo mutuo.
Y lo primero que salta a la vista es que el daño producido deja entrever con claridad que la naturaleza tiene sus propios principios, que no hemos sabido respetar. Descubrirlos y analizarlos, o más bien, aceptar lo ya descubierto y analizado, nos hará tener clara conciencia del cambio que hemos de producir en nuestro comportamiento.
Y no sólo en los aspectos técnicos de ese comportamiento. Porque la crisis ecológica no es simplemente una crisis técnica; es, sobre todo, una crisis moral profunda. Son nuestros valores de fondo los que habremos de poner en juego.
Miguel Ángel

Existe un daño directo sobre la tierra y sobre el entorno natural, que en muchos casos se hace de forma consciente. El divulgar cuales son los daños directos que se cometen y el concienciar a la sociedad de ellos, es fundamental para que las cosas empiecen a cambiar aunque sea muy poco a poco.
Totalmente de acuerdo. Gracias por insistir en ello.