LS 34. La importancia de lo pequeño y los círculos viciosos

34. Posiblemente nos inquieta saber de la extinción de un mamífero o de un ave, por su mayor visibilidad. Pero para el buen funcionamiento de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de microorganismos. Algunas especies poco numerosas, que suelen pasar desapercibidas, juegan un rol crítico fundamental para estabilizar el equilibrio de un lugar. Es verdad que el ser humano debe intervenir cuando un geosistema entra en estado crítico, pero hoy el nivel de intervención humana en una realidad tan compleja como la naturaleza es tal, que los constantes desastres que el ser humano ocasiona provocan una nueva intervención suya, de tal modo que la actividad humana se hace omnipresente, con todos los riesgos que esto implica. Suele crearse un círculo vicioso donde la intervención del ser humano para resolver una dificultad muchas veces agrava más la situación. Por ejemplo, muchos pájaros e insectos que desaparecen a causa de los agrotóxicos creados por la tecnología son útiles a la misma agricultura, y su desaparición deberá ser sustituida con otra intervención tecnológica, que posiblemente traerá nuevos efectos nocivos. Son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano. Pero mirando el mundo advertimos que este nivel de intervención humana, frecuentemente al servicio de las finanzas y del consumismo, hace que la tierra en que vivimos en realidad se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris, mientras al mismo tiempo el desarrollo de la tecnología y de las ofertas de consumo sigue avanzando sin límite. De este modo, parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable, por otra creada por nosotros.

Imagen enlazada de https://cristianismoyecologia.files.wordpress.com/2017/05/a5966-243.jpg

Estamos ante un párrafo denso de la Laudato si. En primer lugar nos presenta la importancia de lo pequeño. Hoy lo comprendemos muy bien tras las campañas ecologistas en defensa de las abejas y por la abolición de plaguicidas nocivos para los polinizadores. De hecho, es una experiencia personal de quien firma este escrito que no es fácil la polinización de algunas hortalizas en ambientes urbanos, y que tampoco es fácil sustituir esa polinización por un procedimiento artifical que cumpla su misma función. La necesidad de polinizar manualmente los calabacines es un magnífico ejemplo de esta situación, que, de agravarse, puede tener graves consecuencias en el futuro.

Y tras este acento en la defensa de lo pequeño, el papa pasa a hablar de los círculos viciosos en que, con tanta frecuencia, se enrolla la actividad humana, al tratar de corregir alguna circunstancia natural mediante una tecnología que, a la larga, se convierte en fuente de nuevos problemas. Se entra así en cascadas de actuación donde, con frecuencia, se pierde la conciencia del asunto que originó el inicio del proceso, y al que problablemente hubiera sido mejor buscar otras soluciones. Pero en muchos casos puede ser ya tarde para volver atrás.

Tenemos que ser conscientes de estos círculos viciosos que no llevan a ninguna parte, como dejaba de manifiesto la vieja canción del grupo La Mandrágora. Y que, en muchos casos, nos alejan de posibilidades de vida más sencillas y naturales, como ilustra el cuento que mostramos a continuación.

Miguel Ángel

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