San Juan Pablo II: contaminación ambiental, efecto invernadero y agujero de la capa de ozono

Juan Pablo II entra de lleno, en su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de 1990, en el diagnóstico de la crisis ecológica / crisis moral. La falta de una ética que defina el alcance de los avances tecnológicos y la aplicación descontrolada de estos pone en riesgo aspectos tan importantes como la seguridad de la atmósfera y la estabilidad del clima.

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6. Algunos elementos de la presente crisis ecológica revelan de modo evidente su carácter moral. Entre ellos hay que incluir, en primer lugar, la aplicación indiscriminada de los adelantos científicos y tecnológicos. Muchos descubrimientos recientes han producido innegables beneficios a la humanidad; es más, ellos manifiestan cuán noble es la vocación del hombre a participar responsablemente en la acción creadora de Dios en el mundo. Sin embargo, se ha constatado que la aplicación de algunos descubrimientos en el campo industrial y agrícola produce, a largo plazo, efectos negativos. Todo esto ha demostrado crudamente cómo toda intervención en una área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y, en general, en el bienestar de las generaciones futuras.

La disminución gradual de la capa de ozono y el consecuente «efecto invernadero» han alcanzado ya dimensiones críticas debido a la creciente difusión de las industrias, de las grandes concentraciones urbanas y del consumo energético. Los residuos industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas, de refrigerantes y propulsores; todo esto, como es bien sabido, deteriora la atmósfera y el medio ambiente. De ello se han seguido múltiples cambios metereológicos y atmosféricos cuyos efectos van desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro de las tierras bajas.

Mientras en algunos casos el daño es ya quizás irreversible, en otros muchos aún puede detenerse. Por consiguiente, es un deber que toda la comunidad humana —individuos, Estados y Organizaciones internacionales— asuma seriamente sus responsabilidades.

El primer elemento de la crisis moral es la carencia de una verdadera Bio-Ética, una ética para la vida, y una ética para discernir el desarrollo tecnológico y sus implicaciones para nosotros y para las generaciones futuras. Mucho se ha escrito sobre esto, y cada vez es más patente que la humanidad como tal debería desarrollar criterios claros sobre el presente y el futuro de la vida en la Tierra. De lo contario, el hacer por hacer, el espíritu de la tecnología, puede poner en peligro nuestra pervivencia. La llamada a la responsabilidad es clara.

Y el diagnóstico también, coincidiendo con las voces que desde la ecología laica vienen trabajando décadas en la protección del Medio Ambiente. No es Francisco el papa que asume por primera vez el conocimiento científico en torno al medio ambiente, como vemos en estas líneas del Mensaje de san Juan Pablo II. Es cierto que es quien lo desarrolla al máximo dentro del Magisterio de la Iglesia, pero sobre el claro precedente que le han proporcionado sus antecesores. No hay ruptura, hay continuidad y desarrollo.

Contaminación industrial (química y atmosférica), concentración poblacional, derroche energético y deforestación aparecen aquí claramente definidos como causantes del deterioro medioambiental. Y la consecuencia es clara: hay evidencia (en 1990) suficiente del daño que todos esos comportamientos originan. Por tanto, hay exigencia clara de que todos, a nivel individual, nacional y global, cambiemos esos comportamientos, “asumiendo claramente nuestras responsabilidades”. Cosa que, evidentemente, algunos parecen no querer hacer incluso transcurridos 27 años de estas afirmaciones.

Miguel Ángel

2 comentarios en “San Juan Pablo II: contaminación ambiental, efecto invernadero y agujero de la capa de ozono

  1. Querido Miguel Angel:
    el texto de Juan Pablo II manifiesta su preocupación por el cambio climático, y la secuela del ascenso de nivel marino. Es un antecedente valioso para la Iglesia, que había ignorado los temas de naturaleza y conservación, que desde los años 50 habían arraigado en la sociedad occidental.
    Juan Pablo II confunde el efecto invernadero con la desaparición de la ozonosfera, que eleva la radiación UV a nivel del suelo. El efecto invernadero incrementa el efecto de filtro de IR de la atmósfera, que eleva su temperatura y la radiación de IR que alcanza el suelo.
    Juan Pablo tuvo el acierto de señalar que los problemas ambientales ponen de manifiesto una falta de desarrollo de ética ambiental, que sería consecuencia de la conciencia ecológica. Pero no explora esta línea de pensamiento.

    • Muchas gracias, Francisco. Tienes razón, pero no quise entrar en ese error. Lo que me parece destacable de este mensaje es que tiene muchos de los elementos que vertebran a posteriori la Laudato si’ del papa Francisco, aunque, lógicamente, no alcanzan el desarrollo que en este último texto; de lo contrario, no habría sido tan trascendente. Continuidad hay, pero también crecimiento y profundización en la Laudato si’.

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