LS 10. El valor del testigo

10. No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

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Imagen enlazada de http://www.terciarioscapuchinossanjose.org/img/espi4.jpg

Ya se ha indicado en los párrafos precedentes que estamos ante una situación personal que requiere también de una conversión profunda a nivel también personal. Por eso es totalmente oportuno que ahora el papa ponga la vista en un modelo personal de excelencia en este campo, que además inspiró la selección de su nombre como papa: san Francisco de Asís. Él es el prototipo, al menos en la esfera católica, de conversión personal a la ecología profunda e integral, a la ecología que cuida el medio ambiente y a la vez acoge y cuida al pobre y desamparado.

Tenemos información suficiente, y no desconocemos el problema ecológico y social que constituye una de las crisis más graves de nuestra existencia sobre la Tierra. Pero necesitamos modelos personales que, desde su propia integración personal y desde su relación limpia consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios, nos sirvan de ejemplo y estímulo en nuestro camino. Y, a la vez, necesitamos ser, humildemente y desde la pobreza de nuestra conversión, testigos de ese cambio propuesto para facilitar a los demás su propio cambio.

No se trata de esperar a que todos cambiemos y todos consigamos avanzar en la dirección deseada. Se trata de asumir la responsabilidad personal en el cambio y desde ahí conseguir el que más a mano tenemos: nuestro propio cambio. Eso nos podrá convertir en humildes testigos que, quizás, consigan animar a otros. Quizás ésta pueda ser una buena re-lectura de una de las frases atribuidas al santo de Asís:

Empieza por hacer lo necesario,
luego haz lo posible
y de pronto estarás logrando lo imposible

 

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