LS 80. La Presencia que sostiene la vida

80. No obstante, Dios, que quiere actuar con nosotros y contar con nuestra cooperación, también es capaz de sacar algún bien de los males que nosotros realizamos, porque «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de la mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables»[48]. Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador. Él está presente en lo más íntimo de cada cosa sin condicionar la autonomía de su criatura, y esto también da lugar a la legítima autonomía de las realidades terrenas. Esa presencia divina, que asegura la permanencia y el desarrollo de cada ser, «es la continuación de la acción creadora». El Espíritu de Dios llenó el universo con virtualidades que permiten que del seno mismo de las cosas pueda brotar siempre algo nuevo: «La naturaleza no es otra cosa sino la razón de cierto arte, concretamente el arte divino, inscrito en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado. Como si el maestro constructor de barcos pudiera otorgar a la madera que pudiera moverse a sí misma para tomar la forma del barco»[52].

Imagen encontrada en https://blog.elinsignia.com/2018/11/17/el-turismo-sustentable-un-valioso-recurso-para-salvar-al-planeta-tierra/

Si la historia humana puede ser de salvación o perdición, es porque puede haber historia, y porque puede haber posibilidades de intervención humana. Y todo ello obedece a dos grandes dimensiones de la realidad: su vulnerabilidad/finitud, y su apertura a nuevas posibilidades. Dios sabrá por qué, pero lo cierto es que la realidad es finita y vulnerable, y con ella la realidad humana, y el ser humano está dotado de una capacidad de percepción y actuación que le permite actuar sobre la realidad que le rodea.

Pero no podemos olvidar que es gracias a la presencia íntima de Dios en todo lo creado que el ser, la vida y la acción son posibles. Que esa presencia íntima permite que la observación se convierta en contemplación, y que desde ese temple profundo que nos abre a la presencia de Dios en nosotros y en la realidad que nos rodea podamos captar su plan, su oferta, su propuesta de actuación. Esa presencia de Dios, que atribuimos a su Espíritu, abre por tanto nuevas posibilidades en la realidad, por pequeña y débil que esta sea…

Incluso a través de nuestros errores, de nuestros fallos e incluso de nuestros pecados. Siempre hay un camino abierto, siempre hay nuevas posibilidades.  La creatividad de la vida no hace sino reflejar torpemente la infinita creatividad de Dios…

Abrámonos, pues, a la sorpresa…

Miguel Ángel (con Teresa y Juan Pablo)

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