LS 79. Una historia de salvación ampliada

79.  En este universo, conformado por sistemas abiertos que entran en comunicación unos con otros, podemos descubrir innumerables formas de relación y participación. Esto lleva a pensar también al conjunto como abierto a la trascendencia de Dios, dentro de la cual se desarrolla. La fe nos permite interpretar el sentido y la belleza misteriosa de lo que acontece. La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva, pero también puede agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos. Esto da lugar a la apasionante y dramática historia humana, capaz de convertirse en un despliegue de liberación, crecimiento, salvación y amor, o en un camino de decadencia y de mutua destrucción. Por eso, la acción de la Iglesia no sólo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mismo tiempo «debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo»

Imagen encontrada en https://blog.elinsignia.com/2018/11/17/el-turismo-sustentable-un-valioso-recurso-para-salvar-al-planeta-tierra/

Al contemplar las posibilidades de la “dramática historia humana”, uno no puede dejar de pensar en esa historia como posibilidad de salvación o de perdición. Y entonces nos encontramos aquí con un concepto nuclear dentro de la tradición cristiana, el de “historia de salvación”: la posibilidad de orientar nuestras acciones, y con ellas nuestra vida, hacia la salvación que Dios nos ofrece, e incluso de abrirnos a esa salvación ofrecida, leyendo sus claves en nuestra historia personal. 

Podríamos entonces pensar en una especie de versión ampliada de esa historia de salvación, una ampliación que recoge e integra en la misma la suerte de nuestro entorno, de nuestra casa común, de la creación entera. Ya Ortega y Gasset nos decía sobre nosotros mismos en sus Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Y el Papa nos ofrece una visión aún más ampliada: en el seno de la red de relaciones en que existimos, podemos ser agentes de “salvación” también para nuestro entorno, del que no nos podemos desvincular. Quizás sea esta la respuesta a aquellos “dolores de parto” con que la creación entera gime (Rom. 8, 22) a la espera de la salvación. Y nos atribuye un papel activo en ese proceso.

Pero la interacción en el seno de cualquier relación suele tener una dimensión bidireccional. Nosotros podemos facilitar una evolución positiva en nuestro entorno, pero también es cierto que también debemos mucho de lo que somos a ese mismo entorno, tanto humano como natural. Quizás tengamos que aprender a plantearnos el papel que nuestros hermanos tienen, y la casa común también tiene, en nuestra propia historia de salvación. Se nos propone, pues, una nueva ampliación del concepto desde esta perspectiva también receptiva y agradecida hacia el medio que nos rodea.

La historia de salvación aparece ligada, en la Biblia, a un pueblo, al que hoy entendemos como Pueblo de Dios, y a una “tierra prometida”, que hoy tendríamos que entender como el conjunto del planeta. Pero no de forma desvinculada, con la Tierra como mero paisaje interte o escenario de la historia de salvación humana, sino en profunda conexión con el ser humano. Quizás se nos está invitando a tener en cuenta, en la idea de Pueblo de Dios, esa vinculación con la casa común. ¿Podemos sentirnos pueblo también con el medio que nos rodea?

Miguel Ángel (con Teresa y Juan Pablo)

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