Preparar la Cuaresma con el Papa (I)

Nos estamos acercando a la Cuaresma, el período de preparación de la Pascua que, año a año, nos ofrece la Iglesia. Y esta puede ser una Cuaresma de profunda resonancia ecológica por muchos motivos, entre los que podemos destacar tres:

  1. Porque se está produciendo una intensa movilización ecológica de los jóvenes en Europa que está llegando a España en estos días, a partir de la iniciativa de una joven sueca, Greta Thunberg.
  2. Porque la Comisión Diocesana de Ecología Integral de la Archidiócesis de Madrid nos ofrece a todos un itinerario cuaresmal de conversión ecológica basado en la Laudato si y otros mensajes del Papa.
  3. Porque el mismo Papa ha decidido orientar su mensaje de Cuaresma a la dimensión ecológica de la salvación: “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Si alguno quiere, además, un pequeño anticipo adicional para esta Cuaresma ecológica, está invitado a compartir un pequeño encuentro sobre nuestro lugar en la crisis ecológica a partir del relato del Buen Samaritano, en la parroquia de Las Rosas este próximo sábado, de 17 a 19 horas.

De momento, vamos a ir calentando motores. El mensaje del Papa, aunque breve, es intenso, y podemos irlo desgranando en varias entregas, para saborearlo más a fondo. Después, a partir del miércoles de ceniza, el itineario de la Comisión Diocesana madrileña puede llevarnos de la mano a través de toda la Cuaresma. Pongámonos manos a la obra.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA DE 2019

«La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19)

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

El texto del preámbulo es intenso de verdad. Y denso. Ya lo es incluso en la apelación inicial: “Queridos hermanos y hermanas”. Una opción clara por el lenguaje inclusivo, en un momento en que esto le sigue costando a muchos. En la libertad de uso del lenguaje, el Papa ha optado por tener a todos (y a todas) presentes en el mensaje.

El texto continúa con un discurso teológicamente denso, tomado de la liturgia cuaresmal, que corre el peligro de pasar a nuestro lado sin tocarnos el corazón. Lo anticipa citando a la Madre Iglesia, nuestra Madre en el espíritu, la Madre que nos engendra y fortalece en la fe. Curioso constatar que, mientras la Laudato si, más orientada a la teología de la creación, comienza mencionando a nuestra hermana madre Tierra, en cuyo seno recibimos la vida, el mensaje de Cuaresma, más orientado hacia la teología de la salvación, comience invocando a la Madre Iglesia.

La cita (incompleta) del Prefacio I de Cuaresma nos presenta este tiempo como un tiempo gozoso en el que se produce la purificación (del espíritu en la versión en italiano, de la mente y el corazón en la versión inglesa) que nos abre a desear la Pascua, en relación a la cual, profundizando nuestra relación con Dios y con los hermanos y celebrando los misterios de nuestra salvación, llegaremos “a ser con plenitud hijos de Dios”. La Cuaresma es, por tanto:

  1. Un tiempo de purificación. Teniendo en cuenta que la purificación no puede ser obra nuestra, sino tan sólo obra de Dios, a lo que podemos aspirar es a abrirnos y hacernos permeables a esa purificación, a ese volver a ser nuestro núcleo, abandonar lo periférico, abrirnos al encuentro profundo con Dios y los hermanos. No se especifica más aquí de momento, aunque ya puede resonar en el fondo la importancia que las tres dinámicas propias de la Cuaresma (ayuno, oración y limosna) pueden aportar en este sentido.
  2. Un tiempo, a la vez, gozoso. La Cuaresma tiene mala prensa, pues se entiende más bien como período de sufrimiento y renuncia. Sin embargo, la liturgia nos lo presenta como un tiempo (un proceso) gozoso, un proceso que, desde el desprendimiento, nos causa felicidad profunda. El volver a lo esencial no parece ofrecerse como algo doloroso, sino como algo felicitante.
  3. Una oportunidad de bajar a lo profundo de nosotros mismos, que nos abre más a Dios y a los hermanos y nos hace anhelar la salvación, la plenificación de la Vida que se produce en la Pascua, y que nos permite “ser en plenitud hijos de Dios”, que es, de hecho, lo que somos desde el principio, aunque de manera imperfecta y limitada por nuestra parte.

Y este proceso siempre se proyecta al futuro, a un futuro aún más plenificador, porque es en esperanza como hemos sido salvados. De ahí que el proceso siempre esté abierto mientras vivamos, y que tenga sentido repetirlo año tras año.

San Pablo contextualiza esta esperanza en otro proceso, en otra expectación: la de la Creación, que se encuentra “esperando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8, 19). Aunque esta idea la desarrolla el Papa más adelante en su documento, interesa ahora destacar la resonancia que esa propuesta paulina de una creación necesitada de seres humanos que se reconozcan en su dimensión de creaturas tiene con muchos planteamientos contemporáneos del ser humano como la conciencia del planeta Tierra. Quedémonos tan sólo en la resonancia, no pretendamos ir más allá, pero la redacción paulina parece dotar al ser humano de un papel especial en la Creación, sí, pero de un papel necesario para que toda la Creación pueda acercarse a la dimensión de la salvación. Tenemos aquí, por tanto, una clara afirmación bíblica del “principio de conexión” que con tanta frecuencia propone el Papa Francisco en su encíclica Laudato si. Hay aquí una invitación clara, de origen paulino, a sentirnos unidos con la creación, integrados en ella y responsables también de ella y de su destino último… a la vez que es nuestro entorno natural de vida y el que nos ha dado el ser, al menos en lo que a la realidad corporal se refiere.

Miguel Ángel (Las Rosas)

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