Contemplación abierta y agradecida

Una de las invitaciones que nos hace el papa Francisco es a profundizar en la conciencia de agradecimiento. “Vivimos y actuamos a partir de una realidad que nos ha sido previamente regalada, que es anterior a nuestras capacidades y a nuestra existencia” (LS 140), por lo que la actitud fundamental debería ser la de agradecimiento por los dones y la vida recibidas.

Y esta es, precisamente, la experiencia que rezuma del maravilloso Cántico de las Criaturas, que inicia la encíclica y a cuya primera palabra ya hicimos referencia en una entrada anterior, también en actitud contemplativa. En ese cántico, la fe de san Francisco se abre asombrada a algunas de las criaturas de este mundo, en un asombro agradecido que reconoce los bienes recibidos y que invita al asombro y a la alabanza.

Pongámonos en situación. Nos disponemos a sintonizar con la actitud asombrada y agradecida del santo de Asís, con el que vamos a recorrer todos y cada uno de los párrafos de su cántico. A descubrir la experiencia que el santo debía sentir ante cada una de las criaturas que menciona en el mismo. A sentir con él su inmenso agradecimiento por la vida recibida…

En cualquier momento podemos detenernos… Expresar nuestra alabanza… Contemplar extáticamente la vivencia agradecida que surge en nuestro interior… Fundirnos en la experiencia de amor de la que el santo se siente desbordado…

Alabado seas, mi Señor,
con todas tus criaturas,
especialmente el hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

(Agradecemos y reconocemos el sol, fuente de vida y de energía, sin el cual no podríamos vivir)

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas.

(Reconocemos asombrados la grandeza e inmensidad del firmamento, del Universo en pleno, imagen y referencia de una grandeza aún mayor que nos supera y nos acoge a la vez: la grandeza misericordiosa, paterna y materna de Dios)

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire, y la nube y el cielo sereno,
y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

(Agradecemos el viento que nos acaricia y que levanta el suave murmullo de las hojas, el aire que respiramos, las nubes que nos traen la nieve y el agua y que tantas veces embellecen el amanecer y el anochecer…)

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy humilde, y preciosa y casta.

(Agradecemos el agua, algo tan sencillo que, a la vez, es imprescindible para nuestra vida y agradable para nuestro aseo y deleite)

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte.

(Agradecemos tantas y tantas cosas que nos hacen la vida más soportable y placentera…)

Alabado seas, mi Señor… (y aquí puedes añadir tus propias alabanzas)

Puede que no haya palabras, que no queden palabras para expresar lo experimentado, porque no todo se deja encerrar en ellas… Quedémonos por dentro con el sentimiento agradecido y nuestro corazón abierto al Dios que siempre nos acoge y que siempre nos da la vida.

¡¡¡Alabado seas, mi Señor!!!

Miguel Ángel

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