Sábado 22 de diciembre

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sabado 22

Palabra que acampa entre nosotros

Ana dijo: -Señor mío, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí en pie junto a ti, suplicando al Señor. Por este niño suplicaba, y el Señor me ha concedido lo que pedía; por eso yo también se lo cedo al Señor, y quedará cedido al Señor mientras viva. (Samuel. 1, 24-28)

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitaran todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es Santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. (Lucas. 1, 46-56)

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A qué nos estamos preparando

Las lecturas de hoy nos enseñan que el asombro y el agradecimiento son el requisito necesario para reconocer que ni la naturaleza ni las personas son nuestra propiedad y para que brote de nosotros el respeto por todo lo real como regalo de Dios.

Lo rutinario y la superficialidad nos alejan del asombro. Nos parece normal que amanezca un nuevo día, la compañía de nuestros seres queridos, el encuentro con los compañeros de trabajo, ver un paisaje o que se encienda una luz. Y así convertimos todos los regalos que nos rodean en sucesos indiferentes o, en el caso mejor, en derechos “merecidos”.

Y es que no hay posibilidad de agradecimiento sin asombro por los grandes regalos que recibimos cada día. Una mirada con capacidad de asombro resuena con un corazón agradecido, y el agradecimiento en el pecho provoca en las manos un movimiento de cuidado del regalo. La propiedad se explota y el regalo se cuida. Y las personas y la naturaleza son regalo que demandan de nosotros cuidado para seguir dándonos regalos. Ana y María se asombraron, agradecieron y cuidaron lo que más querían, sabiendo que nos les pertenecía sino que se trataba de un regalo amoroso para ellas y para toda la humanidad.

Estas lecturas son, pues, una llamada a cambiar la mirada hacia nuestro entorno, a transformar nuestra rutina en asombro, nuestra indiferencia en agradecimiento y nuestro sentido de los derechos en deberes de cuidado de lo que no es nuestro.

 

Cuestión de fondo

La cuestión es la siguiente: ¿doy gracias por los regalos cotidianos? ¿hay en mí una actitud de cuidado hacia lo que no es mío sino de la humanidad: las personas, las relaciones, la naturaleza? ¿O tengo que esperar a una muerte, una ruptura o un desastre ecológico para echar de menos lo que no apreciaba? Asombro-agradecimiento-cuidado: el camino que este sábado de Adviento nos invita a recorrer.

 

 

 

Un gesto, una esperanza

Que no sea uno, sino dos. Hoy da las gracias por/a cada persona que te encuentres, desde que te levantes hasta que te acuestes, y asómbrate por el misterio de cada una de ellas. Sólo así podremos encontrarnos y hacer de las relaciones verdaderos acontecimientos.

Y haz un gesto de cuidado de la naturaleza: planta un árbol, recoge un plástico tirado en la calle o pon un panel solar en tu casa. Piensa cómo tu vida puede convertirse en un gesto continuo que haga más sostenible nuestra relación con la naturaleza para que siga siendo un regalo para los que vienen detrás de nosotros. Sólo así pasaremos de la ecología (conocimiento de nuestra casa Tierra) a la ecodulía (respeto por ella).

 

Caminantes como nosotros

El pueblo de Ochánduri, en La Rioja, se ha organizado para instalar entre todos una “fanega solar” que, ocupando el 0,3% de la superficie del término municipal, produce más electricidad de origen fotovoltaico que la que consumen. Y esa es la verdadera definición de ser “ecodulista”: ser capaz de producir más de lo que se consume porque, si se hace lo contrario, o bien se tira de un depósito que algún día se acabará (el de los combustibles fósiles), o bien se dispone de esclavos en alguna parte del mundo trabajando para uno, aunque no les conozcas. Estos 100 habitantes de Ochánduri se han convertido en autogestionarios productores de electricidad renovable y, con ello, han realizado un doble gesto: el de un nuevo paradigma productivo basado en la autogestión, y el de un nuevo modelo energético descentralizado y que cuida la Naturaleza. ¿No es asombroso? Si camináramos con ellos, toda la energía eléctrica que se consume en España se podría producir de esta forma sin más que, entre todos, ocupáramos con paneles solares una superficie total de tan solo diez veces la que se dedica a viñedos en La Rioja. Esto es, más o menos, el desierto de Los Monegros y, esto también sería asombroso: convertir el desierto en una tierra que mana leche y miel.

 

Oración para que nos acompañe durante el día

Señor, convierte mi corazón de piedra en un corazón de carne que se asombre ante tus dones y tu grandeza.

 

Si esto te toca

Hay iniciativas muy interesantes que promueven nuestros amigos de la Fundación Terra para incorporar a nuestros hábitos gestos más sostenibles con la naturaleza: www.terra.org

Si quieres saber algo más del proyecto de Ochánduri puedes poner en google “elogio de las moscas” y leerás su génesis.