Domingo 23 de diciembre

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Palabra que acampa entre nosotros

Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.

– «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

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Cuestión de fondo

Dejarse visitar.

Preparamos fiestas, salimos a comprar -a pesar de la crisis- algún cava, quedamos con los amigos, vamos a ver a la familia…

Pero no nos dejamos visitar. Queremos llevar buenos platos, buenos regalos, buenos postres, buen vino… Tenemos que demostrar que nos esforzamos por ser buenos anfitriones… Pero aunque recibimos en nuestras casas, no nos dejamos visitar.

No somos capaces de reconocer nuestra pequeñez, nuestra humilde impotencia, como lo hizo Isabel. Por eso quizás, porque nos empeñamos en esconder esa insignificancia (que la mirada amante del Padre hace digna y grande), explotan a menudo las discusiones en las reuniones familiares de Navidad. Porque nos sentimos más que nunca desvalidos, y no hemos aprendido a entrar en el diálogo personal para expresarlo. Para clamar con Isabel: ¿quién soy para que me visite la Madre del Señor? En esa manifestación, la pequeñez se nos vuelve grandeza, gozo desbordado. No son palabras bonitas. Es tan verdadero su sentido que salta de alegría la vida que llevamos dentro.

 

Un gesto, una esperanza

Dejarse acoger sin complejos esta Navidad. Y tener la libertad de hacer partícipes de ello al resto de la familia.

Ahorrar energías y esos sentimientos que, por no compartirlos, se esfuman sin haber tocado a nadie.

Proponer una “extraña caja de regalos de Navidad” Una caja con una ranura. Junto a ella, un cuadernillo y un boli. Durante la Nochebuena, cualquiera puede escribir en una de las hojas, los sentimientos positivos a que nos mueve cada uno de los que compartimos la cena, como por ejemplo: “Me gusta cuando te ríes sin parar”, “Cuando me enfado contigo, sólo me tranquiliza el saber que siempre estás dispuesto a hablar las cosas”… Después lo doblemos, ponemos el nombre a quien va dirigido, y lo echamos en la “caja-hucha” de sentimientos positivos.

Al final de la cena, a lo largo de la noche, o en la comida de Navidad, podemos abrir la caja y leer los mensajes en voz alta. Podemos así dejarnos visitar por la mirada del otro, y asombrarnos con su acogida. Un regalo de última generación en redes sociales, bajo consumo y alta rentabilidad afectiva. Empatía garantizada.

 

Caminantes como nosotros

Laura está en paro. Trabajaba como programadora en una multinacional Quería poner en su cuarto una estantería y un armario de segunda mano, pero no tenía herramientas ni suficiente habilidad. No conocía a nadie que pudiera hacerlo. Ni dinero para pagar la instalación. Alguien le habló del banco de tiempo. “¿Qué puedes aportar?”

Laura ahora ofrece arreglos de ordenadores a cambio de la instalación de sus muebles y otras “chapuzas caseras” que le han solucionado bastante la vida.

 

Oración para que nos acompañe durante el día

Compartimos la oración de hoy con la comunidad de Taizé:

 

Cristo Jesús, tú fuiste enviado al mundo para que vivamos de ti:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, tú permaneces junto a los que su vida es despreciada:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, tú estableces con nosotros una alianza nueva que nunca será revocada:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, tú iluminas los ojos de todos los que están en las tinieblas:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, tú haces que florezcan los desiertos, nos conduces hacia tierras de alegría:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, se proclamará la Buena Noticia a los pobres y la liberación a los prisioneros:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, los corazones rotos serán sanados, los hambrientos colmados:
—¡Señor, ven pronto!

Cristo Jesús, los caminos serán allanados y tu gloria habitará nuestra tierra:
—¡Señor, ven pronto!

 

 

Si esto te toca

http://www.bancodetiempomalasana.com/info/guiadeusuario.php

http://humanizar.es/voluntariado.html

http://apmabarcelones.blogspot.com.es/2012_12_01_archive.html

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