LS 83. Conducir a las criaturas hacia su creador

83. El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal[53]. Así agregamos un argumento más para rechazar todo dominio despótico e irresponsable del ser humano sobre las demás criaturas. El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador.

53. En esta perspectiva se sitúa la aportación del P. Teilhard de Chardin; cf. Pablo VI, Discurso en un establecimiento químico-farmacéutico (24 febrero 1966): Insegnamenti 4 (1966), 992-993; Juan Pablo II, Carta al reverendo P. George V. Coyne (1 junio 1988): Insegnamenti 5/2 (2009), 60; Benedicto XVI, Homilía para la celebración de las Vísperas en Aosta (24 julio 2009): L’Osservatore romano, ed. semanal en lengua española (31 julio 2009), p. 3s.

(Imagen enlazada de )

El Papa hace uso del contexto escatológico en que se encuentra inmersa no sólo nuestra vida, sino la vida de la creación entera. No somos nosotros el objetivo de la vida de las criaturas, sino que tan sólo somos compañeros, aunque compañeros cualificados. Imposible expresarlo mejor que con las palabras de la carta a los Romanos:

…La espera ansiosa de la creación anhela la revelación de los hijos de Dios; pues la creación quedó sometida al fracaso, no por su gusto, sino a causa del que la sometió, con esperanza de ser ella misma liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad esplendorosa de los hijos de Dios. Pues sabemos que hasta el momento actual toda la creación está gimiendo con dolores de parto, y no sólo, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos estamos también gimiendo interiormente, anhelando la adopción filial, el rescate de nuestro cuerpo… (Rom 8, 19-23).

Nuestra revelación como hijos de Dios acompañará a la plenificación de la creación en el término común para todos, que es Dios, y todo ello en Cristo resucitado. Sólo como compañeros responsables del resto de criaturas, pastoreándolas adecuadamente, es como llegaremos a la plenitud prometida. De ahí que se haga necesario un cambio, un profundo cambio en nuestra actitud hacia la Naturaleza. Somos parte de ella, no somos nada al margen de ella.

Tan sólo nos queda decir Amén a este proyecto, y ponernos manos a la obra…

Miguel Ángel, Teresa y Juan Pablo

Ixcís, Tu Amén. En “Padrenuestro, un nuevo modo de ser”,

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