Hemos podido ver en estos días cómo el Mensaje del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de la Paz 2020, celebrada el 1 de enero, incluye en lugar destacado la mención a la conversión ecológica, entre otros términos como fraternidad, solidaridad, justicia, diálogo, escucha… Esto ya de por sí merece un comentario específico. Pero el Mensaje completo tiene tanta riqueza que merece la pena detenerse primero en él.
Para el Papa, la paz es motivo de esperanza, y por eso sostiene tantos esfuerzos como se realizan en pro de dicha paz. Son esfuerzos que tienen que ver con la apertura, con la acogida del otro, con la comprensión del diferente, con la escucha, con el perdón, con la reconciliación… Hay que guardar memoria del pasado, pero no una memoria vengativa, sino una memoria constructiva, que nos ayude a construir nuevos caminos de encuentro y reconciliación… Hay que abandonar la amenaza o el miedo como forma de mantener en precario la paz, y abrirse a métodos que faciliten el apoyo mutuo…
Como vemos, aparecen ideas de mucho calado, pero como dice el propio texto, «tanto se alcanza cuanto se espera», y si nos quedamos cortos en la esperanza, en la pretensión, a buen seguro que nos quedaremos cortos en el logro. No hay que ponerse límites en la búsqueda de la paz.
En este contexto, la aparición de la llamada a la conversión ecológica podría parecer, a primera vista, un añadido un tanto forzado al texto, para recoger el tema de moda, para darse autobombo en un tema que, como sabemos, centra la atención del Papa. Sin embargo, eso sería comprender de forma errónea el planteamiento. Tan sólo sería un añadido si pensáramos en una modalidad de conversión ecológica conservacionista, centrada en la sostenibilidad, o si lo hiciéramos en una modalidad más contemplativa, dirigida a encontrarnos a Dios en la Naturaleza… Sin embargo, sabemos que no es así, y que el Papa habla de una ecología integral y, por tanto, de una conversión ecológica integral, una conversión de raíz que nos lleve a hacernos conscientes de nuestra verdadera realidad como criaturas y de la necesidad de vivir agradecidos por los dones que Dios nos da; desde esa conversión se refuerza en profundidad el impulso a reconstruir la fraternidad, a buscar el encuentro, a colaborar en el bien común, a cuidar el planeta Tierra y todo lo que en él existe…
Conversión ecológica para construir la paz… Porque sólo desde la conciencia de lo que somos podemos abrirnos al encuentro del otro sin afán de posesión, sino de agradecimiento por la vida que nos aporta. Y sólo desde ahí comprenderemos el verdadero sentido de la paz que nos plantea el Papa.
Miguel Ángel
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