LS 22. Tirar, tirar y tirar: la cultura del descarte

22. Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura. Advirtamos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se desperdicia y no se recicla. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar. Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos que los avances en este sentido son todavía muy escasos.

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Contemplar la Tierra como recurso no es ni más ni menos que reducirla a algo de usar y tirar: de usar mientras nos es útil, de tirar cuando ya (creemos que) ha dejado de serlo. ¡Como tantas y tantas cosas que usamos y tiramos!

Efectivamente, descartamos todo lo que ya no nos sirve. Descartamos desperdicios de comida, descartamos restos de envases, descartamos juguetes que han dejado de funcionar, descartamos ropa que ya no se lleva, descartamos ancianos que ya no producen, descartamos personas que no sentimos próximas, descartamos vidas que no nos parecen oportunas… Efectivamente, vivimos en una cultura de descarte, y mientras no la cuestionamos, nos convertimos en cómplices, quizás cómplices involuntarios, pero de todos modos cómplices…

No es éste el camino que nos enseñó Jesús. Él nos enseñó a vivir desde la inclusión y el sostén: del samaritano herido en el camino, de la mujer adúltera a punto de ser lapidada, de la pecadora arrepentida, del centurión respetuoso, del niño que molesta nuestra conversación, del leproso… Jesús nos enseña a mirar de otra manera, a “encartar” en lugar de descartar, a sentirnos vinculados en lugar de sentirnos aislados, a acoger en lugar de expulsar, a “reciclar” en lugar de eliminar… Si todo esto resonara, de verdad, en nosotros, no haría falta tanto basurero, ni tanta residencia, ni tanta frontera, ni…

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