LS 8. Pecados contra la naturaleza, pecados contra Dios

8. El Patriarca Bartolomé se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el planeta, porque, «en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación». Sobre este punto él se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados». Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».

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Imagen enlazada de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fa/Discharge_pipe.jpg

El mensaje es bien claro: cualquier pecado contra la Naturaleza es un pecado contra la humanidad, contra nosotros mismos y contra Dios. Por un lado, por el daño que le realizamos al conjunto de la vida y el riesgo al que nos sometemos junto al resto de seres humanos; por otro, porque refleja una de nuestras desconexiones más importantes, la desconexión con el medio que no sólo nos rodea, sino que también nos configura y da la vida.

Pero no hay que olvidar que un elemento muy importante de este pecado es la dimensión personal: cada uno de nosotros estamos involucrados en él, y cada uno de nosotros está llamado, por tanto, al arrepentimiento. Cada uno debe hacerse consciente de sus propias maneras de dañar al planeta, y no esperar a que los demás tomen la iniciativa. Porque la iniciativa ha de partir de cada uno, y porque la labor de reconfigurarse con la propia identidad, inserta en la naturaleza, es también de cada uno.

Ojalá lleguemos a tiempo de sostener el conjunto de la vida que se produce en el planeta, lo que requiere un esfuerzo conjunto. Pero lo que desde luego está en nuestra mano, en la de cada uno de nosotros, es iniciar ese proceso de conversión y arrepentimiento personal que, a buen seguro, nos llevará a una vida más coherente y plena: en el seno de la sociedad, en el seno del medio ambiente, en el seno de Dios. Y dada la intrincada red de relaciones en que se constituye la vida humana, será un testimonio estimulante para los que nos rodean.


Fragmento con traducción mediante subtítulos del documental “El patriarca verde”, que se puede ver completo, en inglés, en https://www.youtube.com/watch?v=Qmumu80w4Ow

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