Miércoles 19 de diciembre

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miercoles 19

Palabra que acampa entre nosotros

“Concebirás y darás a luz un hijo… El niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer. Él empezará a salvar a Israel de los filisteos” (Jue 13, 5)

“No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios” (Lc 1, 13-16)

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A qué nos estamos preparando

Las lecturas de hoy nos muestran los inicios de dos personajes con gran repercusión en la historia de Israel: Sansón y Juan Bautista. La narración de sus orígenes apunta a una realidad: que Dios nos mira con mirada tierna desde el principio de nuestra existencia, y tiene un proyecto para cada uno de nosotros.

Bien podríamos decir, en esta semana dedicada al trabajo, que ese proyecto puede vivirse de una manera especial en nuestro propio trabajo, y en nuestra manera de vivirlo. Ciertamente. Pero no quisiera dejar de lado el hecho de que los protagonistas de las lecturas no son los dos personajes citados, sino sus padres/madres. Y es que Dios pone en nuestras manos de padres/madres, independientemente de la forma de vivir esa maternidad/paternidad, la posibilidad de afianzar ese proyecto comprometido de nuestros hijos. Recordemos esto, que ellos tienen su propio proyecto vocacional, y que no vienen al mundo para llenar las lagunas que podamos haber tenido en el nuestro.

Hay que estar dispuestos a asumir esa difícil misión, y dedicarle su tiempo. Tiempo del que habrá que disponer, y que habrá que saber restar de otras ocupaciones. Y, en los tiempos que corren, de la ocupación laboral. No podemos crear una sociedad donde tener un trabajo sea incompatible con una paternidad “responsable” de posibilitar ese proyecto vocacional que es la vida de nuestros hijos. Y no podremos tampoco dedicar tiempo interminable a fomentar nuestro proyecto laboral descuidando tan precioso tesoro.

Cuestión de fondo

En el fondo, la gran pregunta que se nos plantea hoy gira sobre nuestra capacidad para la acogida y el asombro, para el desprendimiento y la donación ¿Hasta qué punto nos asombramos y acogemos admirados la riqueza que Dios pone a nuestro alcance en cada uno de nuestros hijos, o de las personas que se cruzan en nuestra vida? ¿Hasta qué punto reflejamos esto en nuestra actividad profesional-laboral, y ponemos freno a su capacidad expansiva?

Un gesto una esperanza

Hoy podemos plantearnos un cambio de actitud, un reto en nuestro estar ante el otro. Pensemos en alguien que se nos atraviesa, que se nos hace insoportable. Pensemos lo que puede querer Dios de él y, sobre todo, lo que le puede querer Dios. Si Dios le quiere así,  ¿quiénes somos nosotros para no quererle? ¿Y si nos hacemos esta misma pregunta con respecto a nuestros hijos? ¿Qué nos exigiría la conciencia de tener que amarles casi como Dios les ama?

Caminantes como nosotros

Las familias de acogida para niños tutelados por las Administraciones Públicas son una parábola de lo que hoy estamos hablando. Han abierto sus puertas, su corazón y su tiempo a una vida que les era extraña, en una aventura que no saben hasta dónde les puede llevar, en un intento de ayudar a crecer un proyecto personal que les es ajeno. ¡Qué metáfora tan bonita sobre el “concebirás y darás a luz” un hijo que no es tuyo, sino que tan sólo, y aquí sí que está claro, es “prestado”!

Pero en este campo también son importantes quienes, ante estos niños con el futuro “delicado”, tienen la labor de custodiarles y velar por sus posibilidades de futuro, ahora sí desde su compromiso laboral en las Administraciones Públicas, los servicios sociales o las ONG. Profesionales del ámbito social que se encargan de la tutela de estos menores, y que pueden aportar su granito de arena para que el futuro se les vaya abriendo… Tienen en sus manos el contribuir al desarrollo del proyecto vocacional de esos niños. Lástima que, en esta época de recortes, sean uno de los grupos profesionales más maltratados, mostrando así cómo en las épocas difíciles se abandona a aquellos que más lo necesitan.

Oración para que nos acompañe durante el día

Convierte, Señor, nuestro tiempo en tiempo de acogida y esperanza. Convierte, Señor, nuestro tiempo, en un Adviento permanente ante la vida.

Si esto te toca

Algunas de las familias de acogida ponen su experiencia a nuestro alcance, pudiéndolas vivir casi casi en directo. Un ejemplo es el blog “Acogiendo a Judit