Miércoles 12 de diciembre

encabezado

Miercoles 12

Palabra que acampa entre nosotros

Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Venid a mí, todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y os sentiréis aliviados. Porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera”.

 Texto en pdf

 

 

 

A qué nos estamos preparando

Hoy hay un buen leit-motiv, muy clarito: el corazón humilde. A veces no vemos la presencia de Dios en cosas tan sencillas de la vida, como pueden ser, por ejemplo, nuestras prácticas de consumo. Sin embargo, Él, que hizo el cielo y la tierra, está, por tanto, también en esos pequeños detalles. ¿Y qué nos dice? Pues que Él es la fuerza, que en vano hay que buscarla en otros lugares, que Él colma nuestra vida… Que no pongamos nuestro corazón, ni nuestros deseos en cosas fatuas, ya que lo fundamental está en sus manos, en lo profundo de la vida… No podemos buscar la fuerza en aquellas cosas que podemos comprar, pues las tenemos gratis por don de Dios…..

En estos días nuestro entorno recupera el trajín pre-navideño. Luces, tele y escaparates anuncian el buen rollo de la Navidad. Nuestra sociedad civil ha maquillado de emociones estas fiestas: felicidad, paz, familia, rencuentro…. y nos encamina sutilmente a vivirlas a través de las compras, del regalo; en definitiva, del consumo. Todos sabemos ya (o al menos intuimos) que el sobre-consumo no es gratuito. Consumimos “por encima de nuestras posibilidades” a costa de agotar nuestro patrimonio  natural y humano. Recursos que se agotan, calentamiento global por sobregasto energético, condiciones laborales extremas de hermanos que trabajan a miles de kilómetros, residuos que se amontonan sin más destino que la contaminación y la enfermedad…. Nuestra felicidad; inmediata, perecedera  ¿y a costa de qué?.

Ése es el yugo que pesa y oprime. Jesús nos invita a llevar otro yugo; el yugo de la vida sencilla y austera. Aparentemente es un yugo difícil de llevar, parece un yugo de sacrificios y de contracorriente. Pero a la larga se convierte en vía de satisfacción, de felicidad y de acercamiento a Dios y al hermano a través del desapego a las cosas y a los objetos. Es un yugo llevadero y ligero.

Cuestión de fondo

¿Creemos de veras que un consumo inconsciente y depredador afecta no solo al medio ambiente sino también a hombres, mujeres e incluso niños que forman parte de cadenas de producción deshumanizadas?

¿De veras encontramos la felicidad en el consumo de bienes de dudosa necesidad? ¿O por el contrario nos crean dependencia y nos someten al yugo del consumismo?

 

 

 

Un gesto, una esperanza

Hoy se nos invita a planificar nuestros regalos navideños. Vamos a listar primero a las personas a las que queremos mostrar nuestro afecto con un regalo. Vamos a reflexionar un instante sobre ellas…. ¿qué nos une? ¿Por qué les deseamos lo mejor? Luego meditamos qué podemos ofrecerles como presente. ¿Qué necesitan o qué les gustaría? Tal vez algo de nuestro tiempo, una llamada, una conversación, un recuerdo nuestro, una foto que nos hicimos juntos hace tiempo, el préstamo de un libro que tenemos y que le va a gustar, tal vez algún producto de Comercio Justo, alguna manualidad… Intentamos ser creativos

Caminantes como nosotros

El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Uno de los lemas más habituales en el mundo decrecentista se ciñe como anillo al dedo a la interpretación que hemos hecho de la Palabra de hoy: “Menos para vivir mejor”. Lo que a ojos de nuestra sociedad de consumo puede parecer un yugo (“Menos”), al final se convierte en liberación (“vivir mejor”). El decrecimiento es una teoría global y, a la vez, individual; en ella se proponen políticas de producción, comerciales, etc. a nivel macroeconómico pero también es un estilo de vida en el que cada uno elige reducir su nivel de consumo y, por lo tanto, su impacto medioambiental sobre el planeta. En este marco, hay muchas experiencias, poco conocidas, de personas que han tomado opciones de vida sostenibles. Un ejemplo es el pueblo navarro de Lakabe en el que desde los años 80 un colectivo de personas viven de manera autosuficiente:

http://decredocus.blogspot.com.es/2012/06/lakabe-la-autosuficiencia-es-posible.html

Esta experiencia, muy radical, puede darnos pistas para aplicar pequeños gestos decrecentistas en nuestro día a día.

Oración para que nos acompañe durante el día

Padre Dios queremos ser conscientes de la fuerza de nuestros pequeños gestos; queremos convencernos de la fuerza de nuestros actos de consumo; queremos abandonar el yugo del tener; queremos ser mansos y humildes de corazón.

Si esto te toca

Podemos encontrar miles de páginas en Internet que nos hablan de decrecimiento, comenzando por la misma Wikipedia. Sugerimos la siguiente dirección que nos puede servir como portal de entrada a este modelo de vida: http://www.decrecimiento.info/. Hay documentales, artículos, bibliografía y, en la columna de la derecha, enlaces con experiencias de vida decreciente, que ya funcionan, en todo el territorio español.

Y ¿sobre nosotros mismos? Que no tengamos deseos, que seamos pobres, mansos y humildes de corazón… Eso hará la vida más llevadera. ¡Cuánto nos la complicamos queriendo tener de todo, hacer de todo, viajar por todos sitios…

En fin, que nuestra vida sería mucho más plena si, en vez de andar detrás de cosas, andáramos detrás de la plenitud: “Bendice alma mía al Señor, y todo mi ser su santo nombre! He aquí el auténtico “consumo” del creyente.

Una vida consciente y consecuente debe incluir la sencillez en el consumo. Consumir como acto de necesidad en el que, conscientemente, ayudamos a otros, tanto como a nosotros mismos. Cuando compramos el turrón estamos beneficiando al artesano que lo ha elaborado para nosotros; él lo ha hecho, pensando sus consumidores, con productos naturales, con respeto medioambiental y con el cariño del que trabaja con generosidad para el prójimo. Nosotros se lo compramos con gratitud y reconocimiento. En la medida en que podamos personalizar ese acto anónimo del consumo, le daremos dignidad al mismo.