¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo… si se destruye a sí mismo?

Lucas (9,22-25)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Jesús nos habla en la lectura de hoy de sufrimiento, pero también de apertura al otro y al mundo. De superar nuestro egocentrismo y abrirnos a una conexión que se nos ofrece con el mismo Dios, con las personas que nos rodean, con el resto de la Humanidad y, por qué no, con nuestra hermana la madre Tierra. Porque si colocamos primero nuestras necesidades, nuestros deseos, y no sabemos enmarcarlos en una visión más amplia de las necesidades y deseos de quienes nos rodean, y de las necesidades del planeta Tierra, podríamos echarlo a perder todo. Y eso parece ser lo que se está produciendo, lo que estamos produciendo entre todos.

A buen seguro que hay que cambiar de vida. A buen seguro que esta Cuaresma puede ser una grandísima oportunidad para ello. Porque la ecología integral pone en juego toda nuestra vida, la conversión ecológica puede ser el núcleo de nuestra Cuaresma este año. Y así, la Alianza Católica por el Clima nos propone hoy asumir la “promesa de san Francisco” en nuestra vida, un compromiso personal con la causa ecológica que pasa por los siguientes pasos:

  1. Meditar y rezar en torno al deber de cuidar la creación y proteger a las personas pobres y vulnerables y a nuestra responsabilidad moral hacia ello
  2. Revisar la repercusión de nuestra vida personal y comunitaria en el medio ambiente y social
  3. Asumir los cambios necesarios en nuestra vida, comenzando por aquéllos que tengamos más cercanos
  4. Promover la necesidad del compromiso ecosocial en los ámbitos en que nos movemos, incluidos los ámbitos eclesiales

¿Quieres asumir la “promesa de san Francisco”?  Pues ánimo. Cada vez seremos más en estos caminos de conversión.

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