Hoy, el itinerario (pág. 7) nos presenta a monseñor Api, obispo de las Islas Fiji, que, al igual que sus compatriotas, se siente vinculado a su tierra, una tierra que correo peligro si el nivel del mar se eleva. Pero, con todo, saben ser solidarios con sus vecinos, que ya han perdido sus hogares, y están dispuestos a acogerles en su tierra. Nos sentimos dolidos con el sufrimiento de la Tierra y el de las personas afectadas.
Y leemos en las lecturas del día:
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia (Dt. 30)
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? (Lc. 9)
¿No nos dice algo todo esto de nuestra actitud ante la Tierra?